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Agorafobia, la jaula invisible

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que tradicionalmente se relacionaba con miedo a los espacios abiertos. El término deriva del griego ágora (plaza) y phobos (miedo). En la actualidad, se puede definir al miedo ante situaciones en las que pueda sobrevenir una crisis de ansiedad de forma que sea difícil escapar o recibir auxilio. Por lo tanto, esto puede suceder tanto en espacios abiertos como cerrados. Los pacientes que padecen agorafobia suelen evitar contextos como aglomeraciones, manifestaciones y, con frecuencia, salir a la calle.

 

También se suele hablar de fobofobia para referirse a este trastorno. Sería algo así como el miedo al miedo. Como apuntábamos antes, el miedo a experimentar esa ansiedad y no poder escapar de ella o recibir ayuda.

 

La agorafobia está muy relacionada con el ataque de pánico y las crisis de ansiedad. De hecho, el DSM IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), habla de trastorno de angustia o de pánico con y sin agorafobia. Por todo ello, es interesante y necesario detenerse en las causas y síntomas relacionados con el trastorno de pánico.

 

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¿Cuáles son las causas de la agorafobia?

A menudo, personas que han sufrido una crisis de ansiedad o ataque de pánico estando en un sitio público (como la calle o un centro comercial), han desarrollado a raíz de esto un cuadro de agorafobia. Podríamos decir que la ansiedad que experimenta el sujeto en un determinado momento, se asocia con las claves presentes en dicha situación. De esta forma, cuando el sujeto esté expuesto a esas mismas claves o estímulos que estaban presentes en el momento en que sufrió la ansiedad, aumentarán notablemente las posibilidades de volver a experimentar el malestar.

 

Nuestro cerebro emocional, de alguna manera “aprende” que la situación o los estímulos que la componen, comportan  un peligro y dispara la ansiedad propia de este trastorno. Al igual que sucede en el trastorno de pánico, el sujeto que padece agorafobia teme a menudo perder el control, enloquecer o simplemente desmayarse o que otros les vean hacer el ridículo.

 

La persona que padece agorafobia tiende a evitar numerosos contextos y situaciones. Hay sujetos que evitan los centros comerciales, transportes públicos, salir de noche, ascensores, lugares con mucha gente, fiestas, cines, teatros, restaurantes, etc. Cuando el miedo es muy intenso y generalizado pueden llegar a no salir del propio domicilio, a no ser que lo hagan acompañados. La agorafobia es, por lo tanto, un trastorno muy incapacitante en la vida de quien lo padece.

 

Como en otros trastornos en los que está presente el miedo, este mecanismo de evitación produce cierto alivio a corto plazo o de manera inmediata. Sin embargo, a medio y largo plazo fija más los miedos, pues el sujeto aprende que evitando las situaciones temidas, evita el malestar y el miedo que las sigue.

 

¿Qué tipo de personas suelen padecer más frecuentemente agorafobia?

Este trastorno lo padece aproximadamente un 3,5% de la población, al margen de si incluye trastorno de pánico o no. Dentro de dicho porcentaje, se da con más frecuencia en mujeres (dos de cada tres sujetos, al menos).

 

Personas que están sometidas a situaciones de estrés o que han padecido niveles elevados de ansiedad en la infancia debido a situaciones de abuso sexual o físico, tienen más posibilidades de experimentar un cuadro de agorafobia en edad adulta.

 

¿Qué síntomas son más frecuentes en la agorafobia?

Los síntomas más comunes, al igual que en otros trastornos de ansiedad, son: palpitaciones o taquicardia, sudoraciones, presión en el pecho, sensación de ahogo, temblores, miedo a perder el control, volverse loco o a morir, parestesias (sensación de hormigueo), inestabilidad y mareo, desrealización y despersonalización (sensación de irrealidad y de no estar dentro de uno mismo, respectivamente), etc.

 

A esta sintomatología habría que añadir los pensamientos y atribuciones que experimenta el sujeto en el momento de padecer la ansiedad propia de la agorafobia o el ataque de pánico. Es muy frecuente que a la persona le asalten todo tipo de pensamientos negativos cuando está experimentando un episodio de estas características. Pensamientos como: voy a morir, voy a enloquecer o me estoy volviendo loco, me va a dar un ataque al corazón, no podré salir de esta situación, estoy haciendo el ridículo,… Son muy comunes y contribuyen, al menos desde la parte consciente del sujeto, a exacerbar o disparar más la ansiedad.

 

¿Qué tratamientos existen para la agorafobia?

La terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos más empleados y efectivos. Consta de diversas partes y recursos para ayudar al sujeto a entender y manejar su ansiedad. Se lleva a cabo un análisis para determinar ante que estímulos o situaciones aparece la ansiedad. Se expone al sujeto a niveles de ansiedad de forma progresiva para que se vaya habituando a las sensaciones desagradables y para que vayan remitiendo gradualmente. Esto se suele hacer primeramente en consulta, exponiéndole en imaginación con recursos como visualizaciones. Al mismo tiempo, resulta útil entrenar a la persona en técnicas de relajación, como la respiración abdominal o diafragmática, la relajación muscular y el entrenamiento autógeno.

 

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También es importante trabajar los pensamientos negativos que suelen dispararse y exacerbar la ansiedad en el momento de la crisis. Esto se realiza con recursos propios de la terapia cognitiva, como reestructuración del pensamiento y manejo de distorsiones cognitivas.

 

Otras técnicas que se han mostrado efectivas desde el punto de vista emocional son la hipnosis clínica y regresiva, la terapia de EMDR y más recientemente el mindfulness.

 

En algunos casos, los pacientes agorafóbicos no pueden salir a la calle debido a los elevados niveles de ansiedad que experimentan. En estos casos, el terapeuta puede visitar el domicilio del paciente o realizar algunas sesiones de psicoterapia Online hasta alcanzar una mejoría que permita a la persona desplazarse a la consulta.

 

Si padeces este trastorno tan incapacitante o crees que pudieras padecerlo, no te desanimes y busca ayuda especializada. Existen recursos y herramientas efectivas para ayudarte a enfrentar tus miedos y a superarlos definitivamente.

 

 

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