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Alexitimia o la incapacidad para leer y expresar los sentimientos

La palabra alexitimia hace referencia a un conjunto de síntomas y manifestaciones que presentan algunos sujetos, consistentes, sobre todo, en la dificultad para poner en palabras sus sentimientos, o relacionar sensaciones somáticas o físicas con estados emocionales.

 

alexitimia
House of Knowledge, por Adrien Sifre

 

 

El término alexitimia fue introducido por Sifneos a principios de la década de los setenta. Significa literalmente incapacidad para leer o expresar los sentimientos. Conviene señalar que no es una categoría diagnóstica como tal, más bien se trata de un constructo en el que se incluyen una serie características. En un principio se empleó para referirse, sobre todo, a personas que presentaban problemas de tipo psicosomático (enfermedades y problemas físicos derivados de la dificultad o incapacidad de identificar, manejar y expresar las propias emociones). A día de hoy, este aspecto no está claro, pues se observan problemas de tipo psicosomático en sujetos que no manifiestan rasgos alexitímicos y también a la inversa.  A lo largo de las últimas décadas, se han ido introduciendo otras características que se identifican con la alexitimia. Los más frecuentes son:

 

  • Incapacidad y dificultad para expresar o verbalizar las propias emociones. El discurso de estos sujetos es marcadamente racional y pragmático. También se observa esta limitación en el lenguaje no verbal.

 

  • Dificultad a la hora de conectar sensaciones físicas o somáticas con estados emocionales. Les cuesta ver una relación entre la manifestación física de la emoción y la propia emoción que la elicita.

 

  • Capacidad de introspección y de imaginación (pensamiento simbólico) empobrecida. Sujetos con dificultades para fantasear e imaginar. Si tienen capacidad introspectiva, está más enfocada a aspectos racionales que emocionales.

 

La alexitimia se relaciona con una variedad de síndromes, condiciones y trastornos. Un porcentaje altísimo de pacientes con trastornos del espectro autista (entre un 80% y un 90%) muestran rasgos de alexitimia. También sujetos con trastornos afectivos, como depresión y ciclotimia, trastornos alimenticios, como anorexia y, a menudo, personas con adicciones. Otras veces se observa en personas que han sufrido traumas emocionales, como abusos en la infancia, o simplemente que no han tenido una correcta regulación o aprendizaje emocional en la infancia. Niños a los que no se les ha enseñado de forma adecuada a etiquetar e identificar sus emociones, a veces por haber tenido padres ya de por sí alexitímicos, depresivos, reprimidos emocionalmente, etc.

 

Desde un punto de vista fisiológico, distintos estudios apuntan a un problema de conexión entre estructuras que median nuestras emociones, como el sistema límbico, y el córtex, lo que explicaría la dificultad de estas personas a la hora de verbalizar sus sentimientos. También una posible falta de comunicación entre hemisferios cerebrales: el hemisferio izquierdo, más implicado en el razonamiento lógico y el lenguaje, y el derecho, responsable en mayor medida del pensamiento simbólico y la emoción.

 

De estas consideraciones se desprenden dos tipos diferenciados de alexitimia, atendiendo al menos a su origen:

 

Alexitimia primaria: que tendría un carácter marcádamente orgánico o físico. Aquí se encuadrarían los pacientes con autismo y lesiones o enfermedades neurológicas, como infartos cerebrales, ictus, esclerosis múltiple, parkinson, etc.

 

Alexitimia secundaria: la que haría referencia a personas con un aprendizaje social y emocional pobre, y a las que no se las habría regulado de forma correcta sus sentimientos en la infancia. También a aquellos sujetos con aquellos trastornos con los que suele correlacionar la alexitimia, como el trastornos de estrés postraumático, trastornos alimenticios, depresión o adicciones.

 

Existen diversos test y cuestionarios para evaluar la alexitimia, si bien ha sido muy discutida su validez debido a la complejidad del constructo, y a que se suele presentar en una variedad de sujetos y además en distinto grado. Entre las más empleadas están La Escala de Alexitimia de Toronto (TAS) y la Escala de Alexitimia del MMPI. También mediante la observación directa de las conductas de los sujetos, distintas entrevistas estructuradas y varias pruebas proyectivas, como el Test de Apercepción Temática.

 

El tratamiento de la alexitimia, al menos en aquellos casos en los que no es debida a los problemas de tipo primario que hemos señalado, suele consistir en los siguientes aspectos:

 

  • Enseñar a la persona a identificar sus propios estados emocionales y los de los demás, así como aprender conectar las sensaciones físicas ligadas a las emociones.
  • Facilitar la verbalización y comunicación de los sentimientos.
  • Aprender a integrar las emociones en las relaciones sociales y en la toma de decisiones.
  • Compensar la deficiente capacidad de regulación emocional enseñando a la persona a autorregularse emocionalmente, y a dar una correcta expresión a los distintos afectos.

 

Las personas que presentan este síndrome no suelen buscar ayuda especializada ni acudir a psicoterapia con demasiada frecuencia. Tampoco suelen ser siquiera conscientes de las limitaciones que acusan. Si se ponen en manos de un profesional es porque han recibido presiones por parte de familiares o allegados, o bien porque algún médico se lo ha aconsejado, tras descartar causas orgánicas y apuntar a otras de tipo psicosomático. Normalmente, resulta difícil conseguir una buena adherencia al tratamiento por parte de estos pacientes. Cuando la alexitimia es una causa de los trastornos que les traen a consulta, como la depresión, las adicciones o los trastornos alimenticios, y se les confronta con ello, parecen vivirlo como algo egodistónico (ajeno a su yo). Esto provoca que sean inconstantes con la terapia.

 

La alexitimia dificulta el establecimiento de vínculos adecuados en las relaciones. Las personas alexitímicas suelen ser poco expresivas y empáticas, lo que suele traducirse en aislamiento social y relaciones superficiales.

 

Cuando nos referimos a la alexitimia de tipo secundario, lo óptimo es prevenirla desde la infancia. Los padres deben enseñar a los niños una adecuada expresión de los sentimientos. Es importante también dotar a las emociones de significado, ayudarles a verbalizarlas y a identificar las sensaciones asociadas a ellas, y también regularles de forma correcta con respecto a cada tipo de emoción.

 

Si quieres profundizar en este tema, puedes hacer clic aquí para acceder a un interesante artículo de Francisco Alonso-Fernández sobre alexitimia, y su trascendencia e implicaciones a nivel social y clínico. 

 

 

 

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