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Anorexia, un mal de las sociedades desarrolladas.

La anorexia nerviosa es, junto con la bulimia, un trastorno alimenticio. Se caracteriza porque la persona que lo sufre muestra un rechazo hacia la comida y un temor obsesivo a aumentar de peso. Esto a menudo se traduce en una pérdida exagerada de peso, por debajo de lo que se considera saludable, estados de inanición, e incluso en casos extremos, desnutrición y amenorrea, o retirada del periodo en las mujeres. Hay que diferenciar este trastorno del término anorexia, sin más, que es un síntoma que hace referencia a la falta de apetito, y puede darse bajo diversas circunstancias, como enfermedades, problemas gastrointestinales o estrés, entre otros.

 

anorexia

 

Además de estos síntomas, los pacientes con anorexia tienen una percepción distorsionada con respecto a su propio físico, lo que les lleva a verse bien aun en condiciones de delgadez extrema. Cuando comienza a presentarse el trastorno, a menudo pasa desapercibido. Es muy frecuente que la propia persona se sienta bien consigo misma al bajar de peso. Al mismo tiempo, los demás suelen jugar un papel reforzante sobre el trastorno, al emitir comentarios positivos o elogiar a la persona por la pérdida de peso.

 

El mayor porcentaje de casos se da entre mujeres. Algunos estudios apuntan a una prevalencia femenina en torno al 90% Aunque también se dan casos entre hombres, a menudo son del tipo considerado como anorexia inversa o vigorexia. En este caso, el sujeto más que desear estar delgado, quiere conseguir aumentar lo mayor posible su masa muscular y se obsesiona con la dieta y con el ejercicio físico.

 

Normalmente, existe un consenso en considerar que la anorexia es una enfermedad más propia de las sociedades modernas y desarrolladas. La edad de inicio se sitúa entre los doce años y los veinticinco. El rango de edad en el que parece haber más riesgo o incidencia es entre los catorce y los dieciocho, por lo que en muchos casos se trata de adolescentes. En países pobres o subdesarrollados no se dan casos prácticamente. Como exponíamos, el trastorno está mucho más presente en sociedades industrializadas, lo que apunta a que guarda una relación con los mensajes, valores estéticos, y cánones de belleza presentes en ellas.

 

Aunque existen casos documentados desde la Edad Media, suele haber un acuerdo en que el descubrimiento de la enfermedad fue en el año 1689, por el médico Richard Morton, que se refirió al trastorno como consumición nerviosa. A finales del siglo IX, comienzan a emplearse los términos anorexia histérica y anorexia nerviosa, en París y en Londres, respectivamente, dotando así a la enfermedad de un marcado carácter psicológico.

 

A principios del siglo XX se creía que la anorexia respondía a la represión de la propia sexualidad por parte de las mujeres que la padecían. Freud también hizo algún aporte en este sentido, situando a la anorexia como un mecanismo histérico de represión vinculado a la melancolía. Después surgieron teorías que proponían un desajuste a nivel endocrino, en concreto una insuficiencia de la hipófisis o glándula pituitaria. Algunos pacientes con anorexia, presentan también el llamado síndrome de Cushing, caracterizado por un mal funcionamiento de la hipófisis que hace que esta segregue cortisol en exceso. Esto produce una serie de síntomas como delgadez en las extremidades, a la par que un aumento del abdomen, y retirada del periodo.

 

En 1968 aparece por vez primera el término de anorexia nerviosa en la segunda edición del DSM (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Término que sigue presente hasta la última revisión.

 

Según el DSM-IV, los síntomas principales de la anorexia nerviosa son:

 

  • Miedo obsesivo a aumentar de peso, o a engordar (aun encontrándose por debajo de un peso saludable).
  • Distorsión sobre como la persona se percibe a sí misma, en concreto su peso y figura.
  • En mujeres, ausencia de, por lo menos, tres ciclos menstruales seguidos (amenorrea).
  • Presencia de delgadez extrema, inducida de forma voluntaria y un rechazo a mantener el peso por encima de lo considerado normal (un 85% menos de peso esperado en función de la edad, la talla y el índice de masa corporal).

 

Hay que especificar también entre dos subtipos:

 

  1. Anorexia restrictiva.

El sujeto no recurre regularmente a darse atracones o a purgarse induciéndose el vómito, o mediante el uso de medicamentos o laxantes. Básicamente, los intentos por bajar de peso se reducen a la dieta y al ejercicio físico.

 

  1. Anorexia compulsiva/purgativa.

Aparte del ejercicio y la dieta, se dan con frecuencia episodios de atracones y el sujeto recurre a purgativos, como medicamentos, enemas, laxantes y/o se induce el vómito.

 

Además, la anorexia nerviosa correlaciona con otros trastornos, como la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo y algunos trastornos de personalidad.

 

Entre las causas que podrían explicar la enfermedad se barajan varias, así como diversos factores predisponentes. Al margen de las variables socioculturales que mencionábamos anteriormente, parece que también la relación con los padres o figuras de apego resulta clave en la génesis del trastorno. También otros elementos biológicos que podrían ser hereditarios, como niveles anormales de serotonina, un importante neurotransmisor del cerebro que inhibe la ira, el sueño, el vómito y el apetito, entre otros aspectos. Probablemente existe una interacción entre todos estos factores, además de otros emocionales y cognitivos (relativos al pensamiento del sujeto).

 

Los pacientes a menudo provienen de familias rígidas, en las que no se manejan de forma adecuada los conflictos y no se explicitan las emociones. También familias con padres excesivamente perfeccionistas o demandantes con respecto a sus hijos. A su vez, estos suelen presentar problemas de autoestima, personalidad obsesiva, e ideas delirantes sobre su propia imagen. Muchos de los pacientes con anorexia compulsiva tienen un historial de abusos sexuales o físicos en la infancia por parte de la figura paterna.

 

Existen distintos tratamientos farmacológicos, nutricionales y psicológicos. Estos últimos van dirigidos a mejorar la autoestima de los pacientes, cuestionar sus esquemas rígidos y excesivamente perfeccionistas, crearles unos hábitos saludables, ajustar la percepción que tienen sobre su propio físico, dotarles de apoyo social, y sobre todo, trabajar los conflictos emocionales que subyacen al trastorno. En muchos casos se establece un enfoque de terapia familiar o sistémica, para trabajar las relaciones entre los pacientes y sus padres.

 

A veces y aun en contra de la voluntad del paciente, se hace necesario un ingreso hospitalario cuando la vida o la salud del mismo están en peligro.

 

 

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2 comments on “Anorexia, un mal de las sociedades desarrolladas.

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Es un articulo muy esclarecedor. Es increíble como la infancia y la escasa formacion de los padres para la crianza de los hijos influye de una manera tan importante en la autoestima de los mismos para toda su vida y con consecuencias tan serias

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