91 217 32 81 - 615 908 332 correo@advitampsicologos.es Plaza del Ángel, nº12 (Madrid) Abierto de 9h a 20h

Autoestima en niños: pautas para mejorarla.

La base de la autoestima en niños se forja, sobre todo, durante la primera infancia. Esta abarca desde el nacimiento hasta los cuatro o cinco años. Durante este periodo va a resultar clave la forma en la que nos relacionamos con el niño, y los mensajes que le hacemos llegar de cara a que desarrolle un adecuado concepto de sí mismo.

 

Son muy importantes los tipos de apegos o vínculos que establezca con las figuras más importantes de su vida, como padres y educadores. Por otro lado, también es importante saber contenerle y regularle de una forma adecuada a nivel emocional, y corregirle o ponerle límites ante determinadas conductas.

 

Los padres, o aquellas personas que ejercen como cuidadores del niño, van a influir enormemente en como este se percibe a sí mismo. Desde un punto de vista biológico o desde una perspectiva evolutiva, no podemos perder de vista que, como crías de mamífero, necesitamos que estas figuras nos provean continuamente de cuidados, alimento, protección, etc. Estamos ligados y dependemos de ellos, al menos durante gran parte de nuestras vidas. De ahí que los niños tengan siempre esa necesidad de aprobación tan marcada por parte de sus padres.

 

Incluso en el caso de los niños que se portan mal y desobecen, si nos fijamos, muchas veces estas conductas responden a un deseo de llamar la atención de los padres, aunque sea en la forma de una regañina o de unos azotes.

 

El niño va construyendo su autoestima incorporando aspectos que los padres y cuidadores ponen en ese reflejo que le ofrecen de sí mismo. Aunque el niño tenga cualidades muy positivas, si no se lo transmitimos nunca, o por el contrario, le ponemos etiquetas negativas, probablemente lo único que verá serán esos aspectos negativos en él.

 

Vamos a enumerar algunas pautas para fomentar que los niños crezcan con una sana autoestima, y también para desarrollar un vínculo positivo y sano con ellos.

 

autoestima niños

 

1. Aprende a contenerle emocionalmente.

Este aspecto es clave. Por contención emocional nos referimos a saber manejar las emociones de una forma adecuada. Esto incluye consolarle cuando experimente emociones negativas, incluida la rabia, la frustración, el miedo, etc. Por ejemplo, un bebé de pocas semanas que llora desconsoladamente y no es reconfortado o acunado, probablemente va a interiorizar a nivel emocional que no es importante, o que está desprotegido, lo que a su vez se traducirá en una baja autoestima. Los propios padres deben aprender a distinguir cuando el llanto responde a una simple llamada de atención sin más, o está ligado a una necesidad del niño que conviene atender. Como decíamos, esta contención debe extenderse a todo el espectro emocional. Si el niño siente rabia o enfado, también le reconocemos esta emoción y le ayudamos a regularla, a veces con un abrazo, incluso, aunque esté en plena rabieta. Si cuando el niño siente cosas le ayudamos a entender que es normal y válido experimentar toda clase de emociones, será más fácil que se acepte a sí mismo y que se sienta importante para nosotros. Al reconocer que todo eso que siente es importante, el se siente importante.

 

2. Se un modelo social positivo para el niño.

Los niños tienden a imitar la conducta de los padres y al mismo tiempo aprenden de ella. A menudo, al observar cómo nos comportamos, infieren cosas e interiorizan mensajes. Aunque no les estemos transmitiendo nada con palabras, siempre hay un mensaje implícito en el lenguaje no verbal. Pongamos por ejemplo que una madre está fregando los platos en la cocina y se le rompe uno. El niño, que está observando la escena, percibe como su madre reprime el enfado y la frustración. Probablemente, lo que va a interiorizar a nivel emocional a partir de esta escena, es que la rabia es una emoción inapropiada o que si la siente, no la debe expresar. Empieza por ser aceptante con tus propias emociones y aprende a expresarlas y canalizarlas de una forma adecuada. Esto facilitará que el niño también actúe en consecuencia.

 

3. Refuérzale a menudo.

Refuerzo es todo aquello que hace que aumente la probabilidad de que esa conducta que premiamos se siga dando. Puede ser una chuchería, un obsequio, pero también una palabra de cariño, o de reconocimiento, un beso, un abrazo, etc. Observa la conducta del niño y premia con frecuencia todo aquello que hace bien. Incluye, además de palabras que impliquen valoración o aprecio, otras que reflejen como te hace sentir eso que ha hecho o dicho (por ejemplo: “me ha hecho mucha ilusión que me hicieras este dibujo, es muy bonito y has elegido muy bien los colores”). Padres con actitud reforzante mejoran mucho la autoestima en niños. Para ser reforzantes tenemos que ser capaces, en primer lugar, de ver e identificar todas esas conductas y actitudes del niño susceptibles de ser premiadas o valoradas, así que procura estar pendiente de todo lo que hace y de cómo lo hace. Es bueno también reforzarle en presencia de otras personas. Tampoco te obsesiones, como en todo, lo ideal es encontrar un punto de equilibrio. No es necesario que le refuerces todas y cada una de las veces que hace algo. De hecho, el refuerzo es más efectivo si se aplica de forma intermitente, es decir, unas veces sí y otras no. Tampoco le digas cosas como: “¡eres el niño que mejor pinta las casitas en el mundo!”, porque esto es algo ambivalente y el niño puede anticipar que si, en un momento dado, la casita le queda mal, habrá supuesto un fracaso total y que no tiene ningún valor para ti. 

 

4. Aprende a ponerle límites de forma asertiva.

Aparte de la importancia que hemos señalado con respecto al refuerzo, la autoestima también se construye de normas y de límites. Cuando ponemos límites de forma asertiva también va implícito, a nivel emocional, que la persona es importante en algún sentido para nosotros. Es perfectamente compatible con lo que exponíamos anteriormente acerca de contener, reconocer y validar todas las emociones del niño. Por ejemplo, un niño experimenta una rabieta y pega al hermanito. Aun así, le contenemos y consolamos en esa emoción que ha sentido (la rabia y el enfado), pero le limitamos en cuanto a eso que ha hecho, que está mal (pegar al hermanito). Se trata como vemos de separar lo que siente de lo que hace. El niño no es malo, se porta mal, que es muy distinto. Evitar en la medida de lo posible estas etiquetas negativas que lo único que hacen es crear estigma. Si a menudo decimos que el niño es malo, torpe o vago, probablemente terminará aceptando estas etiquetas y asumiendo esa cualidad que le estamos asignando.

 

Los límites han de ponerse evitando etiquetas negativas o juicios de valor y, como decíamos, reconociendo las emociones del niño, aunque al mismo tiempo le estemos limitando en sus conductas. Explícale como te ha hecho sentir eso que ha hecho, si te ha asustado, preocupado, entristecido, etc. También procura empatizar con él. Intenta ponerte en su lugar y procura entender los motivos que le hayan llevado a hacer eso. Aunque se haya portado mal, a menudo es la expresión de algo positivo, como llamar tu atención de alguna forma.

 

Procura que los límites sean firmes y que estén previamente establecidos. A menudo le decimos a los niños que se porten bien y estos no tienen por qué saber que entendemos nosotros por “portarse bien” o que se espera de ellos en cada situación. Para evitar esto, lo mejor es que en cada contexto les presentemos estas normas y límites y también las consecuencias que se deriven de incumplirlas. Con respecto a esto, en psicología apostamos más por el castigo negativo más que por el positivo. El primero se refiere a que privamos al niño de algo que es un refuerzo para él, como la bici, la muñeca, la consola de videojuegos,… Al menos durante un tiempo. Castigo positivo sería, por ejemplo, un azote. En este caso puede ser efectivo para que el niño reprima determinada conducta, pero creemos que lo que infiere a nivel emocional no es del todo positivo o constructivo: “si me pegan es que soy malo o me lo merezco”.

 

5. Permítele cometer sus propios errores.

Que sienta que te tiene a ahí y que si necesita contar contigo estás disponible, pero no le facilites las cosas en exceso, ni las hagas por él. No le sobreprotejas tampoco. Todo esto tiene un doble mensaje: por una parte, que le quieres y que te preocupes por él, pero al mismo tiempo, que no crees o sientes que sea capaz de hacer las cosas por sí mismo. Aprender a valerse por uno mismo desarrolla la autonomía personal y, por lo tanto, también la autoestima. También es necesario aprender a tomar decisiones y asumir las consecuencias que se deriven de equivocarnos. No olvidemos que al fin y al cabo aprendemos, sobre todo, a base de cometer errores.

 

6. Procura ser empático.

Aprende a escucharle de forma activa. Trata de ponerte en su lugar y entender lo que está queriendo decir y como se siente. Permítele que se exprese libremente. No censures la expresión de sus sentimientos. Muchos padres, a menudo les dan mensajes a sus hijos del tipo: “no te has hecho nada”, “pero si eres un hombre… Anda, no llores”. Esto, aunque se hace frecuentemente con la mejor de las intenciones, o tratando de quitarle importancia a una situación, es contraproducente. El niño lo que interiorizará es que es inadecuado eso que siente o que expresa.

 

Nunca le castigues con tu silencio o indiferencia. Por muy enfadado que estés, habla con el niño y exprésaselo. Recuerda aplicar siempre las consecuencias de no respetar los límites impuestos (castigo negativo, cuando sea posible). Hay padres que se enfadan y gritan mucho, pero después no ponen consecuencias reales, con lo que los límites, a efectos prácticos, son inexistentes.

 

Nunca desahogues o ventiles tus problemas de adulto con un niño pequeño, porque le forzarás a madurar a marchas forzadas, y probablemente generarás en él un sentimiento de responsabilidad exagerado hacia ti.

 

Por último y al hilo de todo esto, sí es conveniente explicarles los problemas que puedan surgir en la familia y en las relaciones. Esto, lógicamente, hay que hacerlo adecuando la explicación a su edad y nivel de comprensión. Muchas veces, por protegerlos o porque no sufran, no les contamos determinadas cosas o se las disfrazamos, y esto suele ser contraproducente. De niños somos egocéntricos en el sentido de que cuando pasan cosas a nuestro alrededor, a menudo nos sentimos responsables de ellas, aunque no tengan que ver realmente con nosotros mismos. Por ejemplo, si los padres discuten con frecuencia o uno de los dos se va de casa y al niño no se le expone claramente lo que ha sucedido, o los motivos que han llevado a tomar esta decisión, es probable que interiorice que ha sido en parte porque no le quieren o porque él es malo.

 

Todas estas pautas, como ves, son relativamente fáciles, al menos a nivel teórico o sobre el papel. Las situaciones reales en las que podemos vernos cuando tratamos y educamos a niños son prácticamente ilimitadas. A veces es conveniente buscar la ayuda de un profesional en la materia, como un psicólogo infantil, que nos pueda dar pautas y que nos supervise y corrija a la hora de ponerlas en práctica, salvando así este difícil salto entre la teoría y la vida real.

 

 

Si te ha gustado o resultado de utilidad este artículo, te agradecemos que lo compartas en las distintas redes sociales, o que escribas algún comentario a continuación del mismo. De esta manera nos ayudas a darle vida al blog y a promover nuestras publicaciones. ¡Muchas gracias!

5 comments on “Autoestima en niños: pautas para mejorarla.

Reply

Genial, formato de tu blog! ¿Cuanto tiempo llevas bloggeando? haces que leer en tu blog sea ameno. El diseño total de tu web es magnífico, al igual que el material contenido!
Saludos

    Jorge A. Calzado Post author
    Reply

    Claro, aunque todo lo que se pueda atajar en la infancia mejor. Aunque es un tema complejo y no es una ciencia exacta, digamos que a mayor número de carencias afectivas, estilos de apego inseguros y traumas emocionales, mayor será la probabilidad de que la persona tenga baja autoestima y mayor predisposición a trastornos, como ansiedad o depresión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *