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El curioso efecto de la mera exposición

¿Has oído hablar del efecto de la mera exposición? Se trata de un fenómeno estudiado en psicología que trata de explicar por qué experimentamos especial agrado o familiaridad ante estímulos a los que hemos sido expuestos previamente.

 

efecto de la mera exposición
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Este efecto suele darse cuando las primeras veces que percibimos el estímulo, éste nos resulta neutro o positivo. En caso contrario, exposiciones reiteradas y sucesivas lo que harán será dotar más bien de una carga negativa a dicho estímulo. Recuerdo hace unos años un caso en el que condenaron a una chica en Inglaterra por poner continuamente a su vecino el famoso tema de la película El Guardaespaldas, cantado por la malograda Whitney Houston. El hombre que puso la denuncia declaró que su vecina ponía la canción “I will always love you” una y otra vez, durante varios días. Podemos imaginar como la desesperación de este hombre fue “In crescendo”, pasando de resultarle inofensivos los gorgoritos de la Houston, hasta el extremo de vivirlo como una autentica tortura psicológica.

 

El primer autor en estudiar este fenómeno fue Fechner, uno de los formuladores de las conocidas teorías psicofísicas. Parece que se da con todo tipo de estímulos, desde imágenes hasta personas. En los años 60, Robert Zajonc comprobó en varios estudios que los sujetos experimentales reaccionaban con cierto miedo o ansiedad ante estímulos nuevos, pero que a medida que se les iban presentando dichos estímulos con más frecuencia remitía la reacción inicial de ansiedad. De esta forma, los estímulos acababan resultando agradables a los sujetos. Esto explicaría quizás el concepto de neofobia o “miedo ante estímulos nuevos”, que lo vemos a menudo claramente en animales. Quien haya tenido perro o gato seguro que recuerda en alguna ocasión como el animal reaccionaba con congoja ante el objeto más absurdo e inofensivo, como un bote de Coca-Cola o el mango de un paraguas. Desde un punto de vista evolutivo, la neofobia se explicaría como un mecanismo de naturaleza adaptativa para explorar el medio y familiarizarnos con los distintos estímulos pero con cierta prudencia, ya que algunos de estos estímulos pueden resultar potencialmente peligrosos.

 

En el efecto de la mera exposición seguramente han de estar implicados algunos de los principios de aprendizaje aplicables a otras situaciones, como distintos tipos de condicionamientos. A todos nos ha pasado alguna vez que nos terminara gustando mucho una canción que en principio no nos hacía ni fu ni fa, por el hecho de haberla escuchado en un determinado contexto, por ejemplo saliendo por ahí de fiesta. La canción, que en principio nos resultaba indiferente, probablemente se asocia con esas otras claves contextuales y emocionales, explicando así que acabe gustándonos, aun en contra de la lógica racional.

 

Otra implicación interesante de este efecto es que quizás también explique lo que se conoce popularmente como “flechazo” o “amor a primera vista”. Cuando conocemos a una persona de primeras y sentimos una atracción intensa que va más allá de la pura atracción física. Algo muy difícil de describir con palabras pero que podríamos describir como “quedarse totalmente prendado”. Tal vez ya nos hemos cruzado algunas veces con esa persona por nuestro barrio y aunque no la recordamos conscientemente, ha dejado anteriormente una cierta impronta en nuestro subconsciente. Cuando nos la presentan formalmente, esas conexiones se activan produciendo el efecto de familiaridad y agrado. Lógicamente no es suficiente con el hecho de habernos cruzado con esa persona, tendrán que coincidir otras condiciones, como que reúna algunas características que nos resulten atractivas, ya sea a un nivel consciente o inconsciente.

 

De entre todos los fenómenos curiosos de la mente que pueden guardar una relación con el efecto de la mera exposición, el más popular sin duda es el déjà vu, o sensación de haber vivido algo anteriormente. Algo que mucha gente identifica como algún tipo de capacidad precognitiva o incluso dotes para predecir el futuro. Parece ser que este fenómeno que nos resulta tan raro se explica por la forma en que nuestro cerebro codifica la información y los estímulos. ¿A cuántos nos ha pasado encontrarnos con algún conocido en un supermercado abarrotado de gente y cuando lo hacemos exclamamos: “¡qué casualidad, hace un rato estaba pensando en ti!”. De lo que con seguridad no seremos conscientes, es de que tal vez ya hemos visto a esa persona entre la multitud un momento antes, cuando hemos pasado frente a la charcutería…

 

En el efecto de la mera exposición entran en juego distintos aspectos, como la forma en la que codificamos los estímulos, procesos de percepción, memoria y, como vemos, también parecen claves nuestras emociones y sentimientos.

 

 

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