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El santuario – séptima parte

La Flotte Harbour at night, por Judith
La Flotte Harbour at night, por Judith

Ignacio no terminaba de entender como Laura podía ser tan agradable con él, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de veces que se había metido con ella cuando era pequeña. Le explicó que lo hacía para provocar su enfado y porque les profería insultos muy

graciosos a él y a Luis, más que por fastidiarla realmente. Ella le quitó importancia diciendo que eran cosas de chavales. No parecía guardarle ningún rencor por aquello. Se sintió realmente cómodo con la chica, y pudo

desahogarse un poco al contarle los problemas que le habían llevado a hacer aquella escapada. Le habló sobre la relación con Marta, la depresión de su padre, el estrés que le producían los compromisos de trabajo,… Al cabo de dos horas en las que estuvieron compartiendo todo tipo de experiencias, empezaron a llegar más clientes al bar.

 

                —Bueno, te dejo trabajar, Laura, que ya te he entretenido bastante y tienes gente que atender.

                —Para nada. Un placer, Nacho… Y lo dicho, avísame si te apetece charlar como hoy, o tomar algo.

                —Claro —titubeó un instante—. ¿Te apetecería desayunar mañana y dar un paseo? Puedo pasar a recogerte… Si estás libre.

                —Si, me gustaría mucho —respondió Laura con una expresión alegre en el rostro—. ¿Sobre las diez está bien?

                — ¡Perfecto! Aquí estaré.

 

Y dicho esto se inclinó sobre la barra torpemente para despedirse de la chica dándole un beso en la mejilla.

 

                — ¿Huy, y esto? —respondió Laura algo ruborizada.

                —Por ser tan buena conmigo y escucharme. No creo merecerlo.

                —No es nada, Nacho, en serio.

                —Bueno, pero te lo agradezco igualmente.

 

Se dirigió hacia la puerta y le hizo un gesto de despedida con la mano antes de abandonar el local. Caminó de vuelta al hostal y se notó más tranquilo tras ese rato que había pasado charlando con Laura. Recordó el sueño que tuvo en el que aparecía ella, y él la abrazaba tratando de consolarla. Aquella tarde había sido Ignacio más bien el que encontró consuelo en ella. También estaba Marta en su sueño, mirándole con expresión ceñuda. Esto le hizo pensar en lo celosa que se habría puesto si le hubiera visto charlando con Laura en el bar durante tanto tiempo. Sin duda le habría suscitado desconfianza, y más por el hecho de que Laura era una chica muy atractiva, o al menos eso creía Ignacio. Los años le habían sentado bien. Se había operado la miopía y, aunque no resultara de una belleza espectacular, a Ignacio le pareció que en conjunto, era muy hermosa. También el hecho de que fuera agradable como persona, le confería aún más encanto, pensó.

 

Comenzaba a oscurecer y la ciudad mostraba unos colores apagados. Al pasar por el puerto le llegó el penetrante olor de la marea baja. Una embarcación reposaba en dique seco pendiente de reparación. El resto fondeaban en el agua muy juntas unas de otras. Recordó haber recorrido la línea de la costa en lancha siendo adolescente. El padre de Alberto tenía una Zodiac y a veces la cogían sin permiso cuando estaba fuera. Se acercaban a los acantilados a coger percebes y más de una vez pudieron haber sufrido alguna desgracia. En una ocasión, Alberto estuvo cerca de ahogarse. La mar estaba muy batida y se cayó al agua mientras intentaba encender el motor de la Zodiac. A Ignacio le costó mucho devolverle a la lancha y por un momento pensó que su amigo no iba a vivir para contarlo. Afortunadamente todo quedó en un susto. Después, de vuelta en la lancha, Alberto tiritaba empapado. Ignacio pensó que quizás era más por miedo que por frío. Su amigo se quedó lívido durante más de una hora y luego, en casa de sus padres y ya seco frente a la chimenea, le dijo a Ignacio que le había salvado la vida. Tenía la mirada perdida entre las llamas, como si estuviera en trance. Después le miró con ojos acuosos y una expresión de gratitud. Al recordar esto, Ignacio sintió como un escalofrío le recorría la espalda, al igual que en aquella ocasión, cuando no contaban más de quince años. Nunca dijeron nada a nadie, ni siquiera se lo contaron a Luis y jamás volvieron a hablar del tema. A partir de este incidente se creó un vínculo especial entre ambos. Algo muy sutil pero que siempre estuvo presente en su relación a partir de aquello. A veces, sin pretenderlo, hacían sentir a Luis un poco desplazado. A pesar de todo esto, había perdido el contacto con Alberto a lo largo de los años. Deseó poder reunirse otra vez con sus viejos amigos, y este anhelo se transformó en una emoción que le oprimía el pecho. Hablar con Laura sobre el pasado le había removido emocionalmente.

 

Al llegar al hostal cayó en la cuenta de que no se había vuelto a acordar de Marta. Esto le resultó extraño. Ni siquiera le apetecía hablar con ella por teléfono. En lugar de ello, llamó a su padre y le explicó que se encontraba bien y que estaría fuera unos días. También le produjo cierto alivio percibir en él un tono de voz algo más animado que las últimas veces que habían hablado. Aunque también temió que estuviera haciendo un esfuerzo por sonar mejor y no preocupar a su hijo.

 

Esa noche durmió de un tirón. Por la mañana no recordaba haber tenido ningún sueño, pero se encontraba descansado y con mejor ánimo.

 

Continuará…

 

 

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