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Enuresis nocturna, un problema estigmatizante.

La enuresis nocturna es un problema que afecta principalmente a niños y a algunos adolescentes. Se caracteriza por la aparición de emisiones de orina (micciones) durante la noche. Conviene distinguirla de la enuresis diurna, que ocurre cuando el sujeto está despierto y a veces puede ser intencionada. La enuresis nocturna se da durante la noche, mientras el sujeto duerme. Además, se consideran dos subtipos: primaria y secundaria. Se habla de enuresis primaria cuando el niño nunca ha logrado un periodo de continencia. En la de tipo secundario, sí ha existido un control en la micción durante al menos seis meses o un año.

 

enuresis nocturna

 

En un principio, puede considerarse como un problema normal del desarrollo. El control sobre la micción se alcanza en torno a los cuatro años (algunos niños pueden tardar hasta los seis en adquirirlo). En parte, es una cuestión madurativa, al menos a nivel fisiológico: la vejiga debe aumentar de tamaño y hay que lograr controlar el esfínter para poder inhibir la micción.

 

Existen numerosos factores que pueden estar implicados en el problema. Algunos de tipo biológico, como tener antecedentes familiares con enuresis, retrasos madurativos, problemas físicos, desórdenes del sueño, alteraciones en los niveles de hormona antidiurética o enuresis producida por fármacos, entre otros. Sobre los aspectos psicológicos, es frecuente la aparición del problema tras un acontecimiento estresante en la vida del niño, como la separación de los padres. Se observa además una mayor incidencia en familias con un nivel social y económico más bajo. Otras veces no ha habido un adecuado establecimiento de hábitos y de entrenamiento en el control de la micción

 

La enuresis nocturna es la que se da con mayor frecuencia y dentro de ella, la de tipo secundario (la que hace su aparición tras un periodo en el que el niño ya venía controlando la micción), responde más a factores psicológicos y emocionales. En la de tipo primario, por el contrario, suelen darse otras causas distintas a los problemas de tipo emocional, traduciéndose a menudo en que la propia enuresis termina derivando en problemas psicológicos, como una baja autoestima, un complejo en el niño o cierto estigma social.

 

De cara a establecer el diagnóstico, es necesario descartar otros problemas que podrían explicar la enuresis, como infecciones urinarias, consumo excesivo de agua antes de acostarse, algunos tipos de diabetes, problemas neurológicos relacionados con el control de la vejiga, malformaciones físicas, enuresis inducida por fármacos y algunas parasomnias (narcolepsia y apnea del sueño).

 

Hay diversas formas de abordar el problema. En un primer momento, conviene proporcionar información a los padres. No es un problema serio. Es más, a veces tiende a remitir cuando se le presta menos atención y se asume como algo normal. Esto suele ocurrir en los casos de enuresis nocturna secundaria, si el niño obtiene algún tipo de beneficio o ganancia secundaria cuando recibe una reprimenda por parte de los padres, tras haberse orinado en la cama. Imaginemos un niño que se encuentra afectivamente desatendido, ya sea porque los padres tienen conflictos entre ellos o no están en disposición de contenerle emocionalmente. Aun cuando sea en la forma de un castigo, una bronca o incluso unos azotes, el niño obtiene cierta atención y sentirá al menos que existe para sus padres.

 

Lo primero es introducir unas pautas y hábitos para hacer frente el problema. Conviene limitar el consumo de líquidos por la noche y especialmente antes de irse a dormir. Despertar al niño durante la noche para que haga pis. No culpabilizar al niño ni crearle indefensión cuando no logre contener la orina. Se puede establecer un registro de los progresos y premiarle cuando sea oportuno.

 

Otro recurso muy popular es el PipiStop, consistente en un sensor que detecta la humedad y avisa mediante una alarma para que el niño se despierte. El método se basa en principios de aprendizaje, por lo que es un recurso de tipo conductual. Si bien su eficacia es bastante elevada, conviene explorar las posibles causas psicológicas y emocionales que podrían subyacer al problema. Al igual que con otras técnicas puramente conductuales, podemos estar operando un cambio pero desatendiendo al mismo tiempo los factores emocionales implicados en el mismo. En caso contrario, es probable que el problema de base a termine encontrando otra vía de expresión distinta.

 

Otras estrategias conductuales consisten en entrenar al niño para que aprenda a discriminar las sensaciones de la vejiga y a controlar sus esfínteres. También es adecuado que sea el propio niño el que mude las sábanas y eche a lavar la ropa de cama cuando se presente el problema.

 

Existen fármacos indicados para el tratamiento de la enuresis, como la imipramina, un antidepresivo tricíclico que se ha mostrado efectivo en cuanto a la remisión de la enuresis. Lógicamente, esto es adecuado en los casos en los que el problema está mediado o producido por factores emocionales.

 

Recuerda que si tu hijo padece de enuresis nocturna, y más concretamente la de tipo secundario, es probable que exista una causa emocional que sea susceptible de ser tratada por un psicólogo especializado en psicología infantil y adolescencia.

 

 

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