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Fobias específicas o simples y su tratamiento.

Las llamadas fobias simples o específicas se encuadran dentro de los trastornos de ansiedad. Según el DSM IV (manual de diagnóstico psiquiátrico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría), se definen como un temor acusado y persistente, que se considera excesivo e irracional y que es provocado por la presencia o anticipación de un estímulo, objeto o situación concreta.

 

fobias
Fears, por Elba Fernandez

 

¿Qué tipos de fobias específicas existen?

El DSM IV divide también los subtipos de fobias específicas en fobias de tipo animal (arañas, serpientes, pájaros,…), fobias de tipo ambiental (alturas, agua, tormentas,…), de tipo situacional (ascensores, aviones, coches,…), sangre, daño e inyecciones y otros tipos.

 

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que casi cualquier estímulo es potencialmente fóbico. Esto explica por qué hay tantas fobias simples. No es infrecuente que nos lleguen pacientes a la consulta exponiendo que padecen tal fobia de nombre extraño e impronunciable, y de la que el propio terapeuta no ha oído hablar en su vida. Esto no ha de alarmarnos, pues la forma de abordar el tratamiento suele ser igual, al margen del tipo de fobia que estemos trabajando. Lo mismo sucede con los mecanismos de adquisición a través de los cuales fijamos o desarrollamos estos miedos.

 

¿Qué se siente al experimentar una fobia?

Los sujetos muestras niveles elevados de ansiedad ante los estímulos fóbicos, experimentando frecuentemente, distintos síntomas de ansiedad (taquicardia, sudoración, rigidez,…) y llegando en ocasiones al ataque de pánico. Suelen darse además conductas de evitación para escapar de los estímulos o situaciones temidas, y a nivel cognitivo o mental, pensamientos negativos relacionados con el miedo.

 

La fobia a la sangre es un poco particular, pues parece tener un componente hereditario. Si bien en el resto de fobias el sujeto suele presentar mucha activación a nivel fisiológico o ansiedad, en la fobia a la sangre primero se da esta activación y después una bajada repentina de la misma, lo que a menudo se traduce en mareos e incluso desmayos. Esto seguramente se deba a que esta fobia presenta un valor más adaptativo que otras.

 

Las personas que presentan fobias, a menudo reconocen que sus miedos son exagerados o que van más allá de la lógica. De una forma más técnica, solemos decir que son miedos “irracionales”. Esto, a veces, crea cierto estigma o complejo en los sujetos. Parece que estuviéramos afirmando indirectamente que la propia persona es irracional, al no ser capaz de manejar estos miedos o verse superada por los mismos. Ante todo, decir que las fobias específicas son un trastorno muy común. De hecho, se encuentra entre los más frecuentes, después de del trastorno de pánico, la agorafobia y la fobia social. Se estima que más del 12% de la población padece o ha padecido alguna fobia específica.

 

¿Si entendemos que estos miedos suelen ser desmedidos e injustificados, por qué nos cuesta tanto controlarlos?

Porque esta valoración es algo racional que elaboramos desde nuestra parte consciente, mientras que el miedo está mediado por estructuras nerviosas que median las emociones al margen de la nuestra voluntad o control consciente. Podemos decir que estamos gobernados por el miedo en esos momentos, y la razón es un mero espectador, que apenas puede poner rienda a nuestra emoción.

 

¿Cómo fijamos estos miedos?

Hay muchas teorías que tratan de explicar los mecanismos que subyacen a la adquisición y mantenimiento de las fobias. No entraremos ahora en ellas pero si exponer que, al contrario de lo que mucha gente piensa, las fobias no solo se adquieren a través de experiencias directas de aprendizaje (situaciones que vive la propia persona). A veces se da el caso que el sujeto desarrolla una fobia al ser testigo de algo que le sucede a otro (aprendizaje vicario), o incluso al transmitirle algo que le sensibiliza en un momento dado (transmisión de información). Así, por extraño que resulte, podemos incluso adquirir una fobia viendo una película, o siguiendo una noticia en el telediario.

 

Aunque podemos afirmar que algunos estímulos son potencialmente más fóbicos que otros, si las hipótesis que postulan los modelos basados en el aprendizaje son correctas, cualquier objeto sería susceptible de asociarse con la ansiedad, y por lo tanto, de fijar una fobia, como señalábamos anteriormente.

 

¿Por qué ante la misma situación o experiencia, unas personas desarrollan la fobia y otras no?

Esto, seguramente se debe a que los miedos conectan a su vez con otros aspectos, como carencias afectivas o conflictos emocionales, que vuelven a la persona más susceptible de fijar una fobia, u otro motivo de consulta. Esto sería, según los teóricos del aprendizaje, un condicionamiento de segundo orden (en primer término se asocia el estímulo fóbico con la ansiedad y esta, a su vez, conecta con algo crítico a nivel emocional para la persona). Para entenderlo mejor, pongamos por caso que tenemos seis años y estamos jugando con nuestro primo, de la misma edad, en un parque. Entonces, un perro nos gruñe y nos enseña los dientes de forma amenazante, lo que nos causa mucho temor. Después, de adultos, arrastramos esa fobia a los perros desde aquella experiencia. Sin embargo, en el caso de nuestro primo se quedó en un susto puntual cuando contaba con esa edad, y no le supone ningún problema a la hora de relacionarse con otros perros a día de hoy. Seguramente, si exploramos en nuestro caso otros aspectos emocionales, encontraremos que la fobia conecta de alguna manera con experiencias que nos marcaron, sobre todo en relación con nuestras figuras de apego (padres o cuidadores). Quizá tuvimos unos padres afectivamente ausentes y nos sentíamos desprotegidos, lo que nos predispuso más para fijar la fobia a los perros que en el caso de nuestro primo.

 

¿Qué tipo de tratamientos o técnicas se suelen emplear para tratar las fobias?

Los tratamientos de primera elección para el tratamiento de las fobias van desde las técnicas cognitivo-conductuales, como la desensibilización sistemática, la exposición gradual a los estímulos temidos y el manejo de pensamientos y anticipaciones negativas acerca de las situaciones. Técnicas para trabajar a nivel de emociones, que nos permiten además profundizar en el origen emocional que subyace a las fobias, como la terapia de EMDR, la hipnosis clínica o la programación neurolingüística. Por último, también distintas técnicas de relajación, como la respiración abdominal o la relajación muscular progresiva, para dotar de recursos al paciente que le permitan relajarse, y exponerse a las situaciones con una mejor predisposición. Es importante subrayar que, si bien los miedos van remitiendo a medida que nos enfrentamos a ellos, conviene hacerlo de una forma graduada y relajada, dentro de lo posible. Lo contrario podría suponer que la persona asociara más ansiedad con los estímulos, con lo que podríamos provocar que la fobia se agravara.

 

¿Es conveniente exponer al paciente a los estímulos temidos fuera de la consulta?

Es frecuente que en algún momento de la terapia tengamos que realizar sesiones de exposición en la vida real con el paciente (al menos siempre que sea posible), para poder determinar de forma adecuada el progreso en cuanto a la remisión de la fobia. Hay fobias que, por su propia naturaleza, resultan muy difíciles de replicar en la vida ordinaria, y más de una forma controlada: los miedos ambientales que pueden depender de factores meteorológicos, o la fobia a volar, que exigiría disponer de un avión a nuestra disposición. En este sentido, la realidad virtual está abriendo recientemente infinidad de posibilidades, al permitirnos sumergir al paciente de lleno en una experiencia hiperrealista, con la comodidad de realizar la exposición en la propia consulta y graduarla conforme al progreso del sujeto.

 

¿Ayuda tomar ansiolíticos para que remita la fobia?

Puntualmente puede ayudarnos, al reducir los niveles de activación cuando nos exponemos al estímulo temido. Sin embargo, en la mayoría de los casos será como poner un parche de forma temporal, pues no hará que remita la fobia definitivamente.

 

 

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