91 217 32 81 - 615 908 332 correo@advitampsicologos.es Plaza del Ángel, nº12 (Madrid) Abierto de 9h a 20h

Mindfulness y cómo puede ayudarte

Seguramente habrás oído hablar en más de una ocasión del mindfulness, este concepto tan de moda últimamente. En una sociedad en la que cada vez estamos sometidos a más estrés y bombardeados continuamente por toda clase de estímulos, resurgen corrientes y filosofías para tratar de conseguir una existencia más plena, tranquila y relajada.

 

Mindfulness hace referencia a una clase de consciencia plena enfocada en el momento presente. Aunque suena a algo novedoso, lo cierto es que se deriva del budismo, así que su origen se remonta a más de 2.500 años atrás. Si bien es cierto que actualmente se enseña un poco al margen de la filosofía budista, no debemos olvidar que la forma de practicarlo no debe desligarse completamente del budismo, pues la actitud del sujeto ha de ser desprejuiciada, aceptante y positiva.

 

mindfulness
Meditation, por Moyan Brenn

 

La persona debe enfocar su atención en los estímulos presentes, sensaciones que está teniendo o en la actividad que se encuentre realizando. Todo ello de forma aceptante y evitando cualquier tipo de juicio. En pocas palabras, nos dejamos sentir. Esto no solo incluye sensaciones neutras o positivas. Contrariamente a lo que se suele pensar, el mindfulness también implica que nos permitamos sentir emociones y sensaciones negativas. Vivimos en una época en la que la sociedad nos dice continuamente que no debemos enfermar, estar tristes, ni envejecer, entre otras cosas, lo que al final se termina traduciendo en mayor frustración y descontento. Cuando aceptamos que experimentar emociones negativas o dolor forma parte de la vida, ésta se hace más llevadera.

 

Aunque podemos hablar del mindfulness como un tipo de meditación, se trata más bien de una filosofía de vida, ya que el propósito final es convertirlo en un hábito continuo, más que aplicarlo puntualmente como una técnica para relajarnos. Aquí viene la parte complicada, pues crear hábito para mantenernos enfocados en el momento presente requerirá de una práctica y disciplina continuadas. La idea es entrenar nuestra mente para permanecer conectados con el aquí y ahora durante la mayor parte del tiempo, como si se tratase de un músculo que se va ejercitando. De esta manera podemos practicarlo, por ejemplo, mientras estamos tumbados tranquilamente en casa (concentrándonos en sentir todo tipo de sensaciones, tanto internas como externas), pero también podemos enfocarnos en lo que sentimos cuando estamos en situaciones tales como ir  caminando por la calle o estar esperando en la cola del supermercado…

 

Aunque se habla de una atención consciente, conviene matizar que en el mindfulness la mente consciente pinta más bien poco, al menos cuando hacemos referencia a nuestra parte más racional o autodiálogo. Es precisamente esta consciencia reflexiva la que a menudo nos lleva una y otra vez al pasado, a recordar aquello que nos hizo daño. En este caso tenderemos más a la tristeza y al desánimo. Cuando lo que hacemos es anticipar el futuro anticipando cosas negativas e incertidumbre, nos inclinaremos más a la ansiedad y a la desesperanza. En este sentido, enfocar la atención con el momento presente persigue desconectar esta corriente de pensamientos, a menudo llamados rumiaciones, para conseguir un equilibrio mental y emocional. Por eso, desde una perspectiva psicológica conviene aclarar que, el objetivo final no es otro que pensar menos y sentir más. Es precisamente nuestra parte consciente la que es crítica y enjuiciadora, por eso queremos desconectarla siempre que no necesitemos hacer uso de ella. Si, por ejemplo, necesitamos comunicarnos con palabras o resolver un problema de lógica, tenemos por fuerza que echar mano de ella, pero para infinidad de tareas, si lo piensas, no hace ninguna falta… O mejor no lo pienses, siéntelo ahora mismo; deja por un momento esta lectura y concéntrate en sentir tu respiración, procura que sea profunda y pausada. Enfócate en las sensaciones y olvídate de todo lo demás… Siente el peso y la temperatura de tu cuerpo, como descansa sobre la silla si estás sentado, o la tensión de los músculos en las piernas si estás de pie… Permanece así unos minutos y luego nota los cambios que se han producido.

 

Como con casi todo, hay que tener un poco de paciencia y ser constante, pues al principio nos costará mantener la atención centrada durante largo rato. Nos asaltarán a menudo pensamientos, preocupaciones y distracciones que nos obligarán a redirigir el foco de nuestra atención una y otra vez. Si practicándolo de forma puntual conseguimos relajarnos más o menos profundamente, cuando seamos constantes y logremos incorporarlo como un hábito diario, obtendremos más efectos beneficiosos a largo plazo. Vamos a enumerar algunas de las implicaciones positivas que tiene practicar mindfulness:

 

  1. Reducción del estrés

Al entrar en un estado de relajación y activarse la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, se reducen los niveles de hormonas de estrés (cortisol y adrenalina). El ritmo respiratorio, la presión sanguínea y el metabolismo, entre otros, descienden sus niveles.

 

  1. Refuerzo del sistema inmunológico

Como la respuesta de estrés con la consiguiente descarga de sus hormonas interfiere con la respuesta de nuestro sistema inmunológico, al relajarnos conseguimos indirectamente restaurar y reforzar las defensas del organismo.

 

  1. Mejora del estado anímico

Aumenta la secreción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, los cuales se relacionan con estados de tranquilidad y positivismo.

 

  1. Integración interhemisferios

Aumentan las funciones cerebrales, sincronizando ambos hemisferios, al tiempo que aumentan la amplitud y el balance de las frecuencias alfa, theta y delta, asociadas con estados de relajación, creatividad, aprendizaje, integración emocional, etc.

 

  1. Desarrollo cerebral

Hay estudios que demuestran un aumento en la masa cerebral, así como en las circunvoluciones o pliegues que presenta el córtex. También se produce un aumento del flujo sanguíneo al cerebro durante la meditación. Todo esto puede traducirse a en una potenciación de los procesos atencionales, así como una mayor capacidad para procesar información e incremento de otras habilidades cognitivas.

 

 

Al margen de todos estos aspectos positivos que hemos señalado, tampoco debemos depositar una fe ciega en el mindfulness, o enfocarlo como una solución infalible para el tratamiento de distintos trastornos como ansiedad o depresión. En estos casos, si bien puede resultar de ayuda, es recomendable plantearse realizar una psicoterapia con un profesional debidamente cualificado. Recordar además que en personas que presenten este tipo de trastornos y traumas emocionales, estos pueden aflorar durante una práctica de mindfulness de forma espontánea, ya que estaremos conectando con centros nerviosos que median nuestras emociones. Se aconseja pues realizarlo en un contexto adecuado, y supervisado por un psicólogo que sepa contener la catarsis emocional en caso de presentarse.

 

 

En sucesivas entradas publicaremos guiones de mindfulness, así como pistas de audio descargables para que puedas realizarlas cómodamente con auriculares desde casa.

 

 

Si te ha gustado o resultado de utilidad este artículo, te agradecemos que lo compartas en las distintas redes sociales, o que escribas algún comentario a continuación del mismo. De esta manera nos ayudas a darle vida al blog y a promover nuestras publicaciones. ¡Muchas gracias!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *