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Obsesiones. ¿Cómo superarlas?

Muchas veces, las obsesiones se convierten en algo que llega a interferir en nuestra vida cotidiana, ocupando gran parte de nuestro tiempo y provocándonos ansiedad. Incluso sin llegar al diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo, padecer de este tipo de pensamientos intrusivos y recurrentes, puede causarnos, en el mejor de los casos, un malestar continuo.

 

obsesiones
Send me a drift, Studying

 

La obsesión se entiende como un pensamiento que irrumpe en nuestra mente, la mayor parte de las veces de forma involuntaria, y que a menudo se vive como algo ajeno a nuestro yo. Este pensamiento o idea nos genera algún tipo de sentimiento negativo, como ansiedad, preocupación, culpa, vergüenza, aprensión, etc. Con frecuencia, cuando aparecen estas obsesiones, realizamos alguna conducta para tratar de reducir, eliminar o mitigar la emoción negativa que nos produce la obsesión. Estas conductas, llamadas también compulsiones o rituales, consiguen tranquilizarnos momentáneamente, pero después vuelve a azotarnos la obsesión, a veces con más fuerza, con lo que volveremos a llevar a cabo estos rituales en un intento de volver a cortar la obsesión. Esto genera una espiral que se retroalimenta: aunque a corto plazo, realizar las compulsiones logra “calmar” un poco la ansiedad, a medio y largo plazo es como “añadir más leña al fuego”, pues termina resultando contraproducente y las obsesiones regresan al poco tiempo con más frecuencia e intensidad.

 

Es importante tener presente que muchas compulsiones o rituales no son conductas medibles u observables, sino algún tipo de actividad mental, como pensar acerca de algo para tranquilizarnos, tratar de recordar o contar números. En estos casos, lógicamente, resulta aún más difícil tratar de evitar las compulsiones.

 

Algunos ejemplos de compulsiones y rituales que se dan en la forma de conductas observables pueden ser: comprobar una y otra vez que hemos cerrado una puerta o una llave del gas o del agua, lavarnos las manos continuamente para evitar gérmenes, anotar cosas o hacer registros sobre eso que nos preocupa, colocar una y otra vez las cosas de una determinada manera, etc. Como sucede a menudo con las fobias, las obsesiones y compulsiones que presentan algunos sujetos son totalmente idiosincrásicas. Así podemos encontrarnos personas que presentan obsesiones y compulsiones realmente curiosas y peculiares.

 

Vamos a presentar algunos recursos que nos pueden ayudar a lidiar con nuestras preocupaciones obsesivas. Algunos pueden combinarse entre sí y otros serán adecuados o no atendiendo a la naturaleza e intensidad de las obsesiones.

 

1. Exponernos al malestar que nos genera la obsesión

El recurso de primera elección es permitir que vengan esos pensamientos sin hacer nada, es decir, sin realizar las compulsiones o rituales para cortar la ansiedad o el malestar. De esta forma nos exponemos a esos niveles de ansiedad, con lo que deberían ir haciéndose más intensos en un primer momento, para después estabilizarse y terminar por remitir. Cualesquiera que sean las compulsiones o rituales asociados, debes evitar llevarlos a cabo a toda costa. De esta forma permites que la ansiedad siga su curso y te vas habituando al malestar que te produce la obsesión. Eso sí, ármate de paciencia porque a veces te puede llevar días conseguir que la ansiedad remita.

 

2. Ponernos en la peor de las situaciones

Al hilo del anterior recurso que hemos expuesto, puedes no solo permitir que vengan las preocupaciones por sí solas sin hacer nada al respecto, sino que además puedes generar las situaciones o los escenarios más negativos que puedas imaginar. Sería algo como eso de: ¿no quieres caldo? Pues toma tres tazas. Puedes probar a dedicar unas horas al día a obsesionarte aposta, e ideando además el mayor número posible de consecuencias catastróficas que podrían derivarse de eso que te preocupa: un accidente, una enfermedad, que entren ladrones a tu casa, morirte, etc. Como las obsesiones suelen ser miedos irracionales o desmedidos, las consecuencias negativas que imaginemos para exponernos a la ansiedad también pueden ser totalmente exageradas. De esta forma combatimos el fuego con fuego. Anota cada cierto tiempo los niveles de ansiedad que experimentas al realizar esta práctica. Como dijimos más arriba, paciencia, y dedica al menos un par de horas al día durante una semana. Recuerda que lo normal en principio es que aumente el malestar, por lo que deberás mantener el tipo hasta que la ansiedad vaya remitiendo. Tranquilo, nadie se muere por experimentar niveles de ansiedad aun cuando estos sean elevados. Mantente enfocado en todo momento en las obsesiones y evita las compulsiones. Puedes visualizar una imagen asociada a la preocupación, o repetirte un mensaje mentalmente o en voz alta que te conecte con esa ansiedad.

 

3. Elige posponer la obsesión o dedícale un tiempo en exclusiva

Cuando venga esa obsesión, intenta decirte algo así como: ahora no voy a pensar en esto, lo haré de aquí a un rato… Después vuelve a intentar posponerla y así una y otra vez, siempre que te sea posible. Tu tiempo es muy valioso como para dedicarlo a preocuparte por cosas que sabes que carecen de sentido o que no merecen la pena. También puedes acordar contigo mismo establecer un momento al día para obsesionarte, por ejemplo, de seis a siete. Fuera de este tiempo te enfocas en tu trabajo o en tus aficiones. Cuando llegue el momento de obsesionarte, aplica los recursos que hemos expuesto anteriormente.

 

4. Trata de racionalizar las obsesiones

Sería someter eso que nos preocupa a un juicio crítico y objetivo: “¿en qué me baso para preocuparme por esto…? Este recurso no nos gusta mucho porque, si bien es verdad que las obsesiones suelen tener que ver con miedos irracionales, que al ser sometidos a un juicio lógico se caen por su propio peso, también sucede a menudo que racionalizar la preocupación termina convirtiéndose en una compulsión en sí misma. De esta forma, nos encontraríamos otra vez con que la solución intentada termina agravando el problema. No obstante, si eres una persona analítica, reflexiva y tienes un yo consciente fuerte, este recurso quizás te puede ayudar a mitigar el malestar que te produce la obsesión. En cualquier caso, procura estar en guardia ante esto y no conviertas la racionalización acerca del problema en una compulsión más.

 

5. Enfócate en cosas distintas y más positivas

La mente funciona un poco como un ordenador. De nosotros mismos también depende que lo programemos con cosas positivas, negativas o neutras. Por poner un ejemplo: si te tiras dos horas al día pensando en margaritas, cuando te vayas a dormir y cierres los ojos, probablemente verás campos de margaritas. Cuando hagan su aparición las obsesiones, procura llevar el foco de la atención a cualquier otra cosa. Si puede ser una actividad agradable y gratificante para ti, pues mejor. Prueba a concentrarte en la lectura de un libro, ver una película o hacer ejercicio físico. También sería un buen momento para practicar alguna técnica de relajación o de meditación, como el mindfulness, que además nos ayuda a disciplinar la mente, cortando la corriente de pensamiento y enfocando nuestra consciencia en el momento presente.

 

6. Escucha tu obsesión

A veces eso que te obsesiona tanto, resulta que es algo inofensivo y absurdo, pero muy molesto, como esa cancioncilla sobre una vaca lechera que te taladra la mente mientras estás en una reunión de trabajo. Cuando eso que te asalta una y otra vez no te produce ansiedad, sino que te distrae, tal vez sea un recurso de tu mente inconsciente para evadirse de esa sobrecarga de trabajo o de estrés a la que estás sometido. No sería la primera vez que nos llega a consulta algún ejecutivo workaholic (adicto al trabajo), con un problema de este tipo y la conclusión a la que llegamos es que una parte de sí mismo se sabotea de esta manera tan absurda porque no puede más. En este caso quizás debas plantearte bajar el ritmo o tratar de desconectar un poco para lograr que remitan esas distracciones.

 

7. Conviértela en algo constructivo

Dentro de que obsesionarnos siempre nos va a generar cierta ansiedad, hay ocasiones en las que eso que ocupa nuestra mente la mayor parte del tiempo es algo que conecta con nuestros gustos y aficiones. Aquí es válido eso de si no puedes con el enemigo, únete a él. Ya que te obsesionas, procura hacerlo con cosas que merezcan la pena y convierte tu obsesión en algo de lo que puedas extraer aspectos positivos y constructivos. Puede ser tu trabajo, una afición, un hobbie, un deporte,… Pero recuerda, todo llevado a un extremo termina resultando negativo. No te vuelvas adicto al trabajo ni vigoréxico.

 

8. Usa tu sentido del humor

Si lo tienes, explótalo. Este recurso también puedes combinarlo con los que hemos expuesto en primer término. Por ejemplo, cuando te expongas a las obsesiones para habituarte a los niveles de ansiedad, imagina no solo las peores consecuencias, sino también las más absurdas y exageradas que se te ocurran. Si consigues que esto te arranque una sonrisa mientras estabas preocupado, ¡enhorabuena! De esta forma cambias un poco la carga emocional negativa que te produce esa obsesión por otra más positiva.

 

9. Plantéate buscar ayuda profesional

Si estos recursos no son suficientes, valora acudir a un experto. Un psicólogo puede, no solo trabajar el problema en el aquí y ahora, sino explorar con qué aspectos de tu pasado conectan las obsesiones. De esta forma estaríamos abordando el problema desde su raíz. Esto puede suponer una remisión más estable de las obsesiones, ya que si no se trabajan de base, a menudo observaremos que con el tiempo, unas obsesiones son sustituidas por otras nuevas. También nos puede ayudar la terapia farmacológica debidamente prescrita y supervisada por un profesional de la salud. Algunos tipos de antidepresivos son efectivos en el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (fluoxetina, paroxetina).

 

 

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