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Psicosomática, esa gran desconocida.

El término psicosomática alude a enfermedades o problemas médicos, en cuyo origen, curso o desarrollo, están implicados factores psicológicos. Esto tiene sentido si concebimos que la mente influye sobre el cuerpo y viceversa. También parece que olvidamos a menudo que el cerebro es un órgano más del cuerpo y como tal, enferma.

 

psicosomática
Mi face, my canvas, por Sarah Robinson

 

Este término se empleó por primera vez en 1818 por Heinroth, médico alemán que lo empleó para hacer referencia al origen del insomnio. Posteriormente, el psiquiatra y psicoanalista Félix Deutsch, creó la revista Psychosomatic Medicine, en 1936. Más tarde, Helen Flanders Dunbar,  publica Emotions and Bodily Changes, en 1935. Los trabajos de estos autores, son pioneros en el campo de la psicosomática.

 

La última revisión del DSM-IV (manual estadístico y diagnóstico de los trastornos mentales), incluye una categoría de factores psicológicos que afectan a la condición médica. Reconoce que dichos factores psicológicos pueden relacionarse con una condición médica a través de los siguientes aspectos: alterando el curso de la enfermedad, constituyendo un factor de riesgo adicional, interfiriendo con el tratamiento y precipitando o exacerbando los síntomas mediante respuestas fisiológicas asociadas a estrés.

 

Las principales teorías sobre la psicosomática son: la teoría psicodinámica, la teoría de la especificidad estímulo-respuesta y la teoría de especificidad individuo-respuesta. En la primera, el médico y psicoanalista Fran Alexander, propone un modelo basado en conflictos inconscientes y habla de hasta siete enfermedades de tipo psicosomático como el asma, la hipertensión, el hipotiroidismo y la úlcera gastroduodenal, entre otros. La teoría de especificidad estímulo respuesta propone que algunos estímulos producen respuestas a nivel fisiológico y por lo tanto, la misma enfermedad en distintos sujetos. A diferencia de esto último, la teoría de de especificidad individuo- respuesta, plantea que un mismo sujeto tiende a responder de forma parecida ante distintos estímulos estresantes.

 

Otras teorías, como la de la debilidad del órgano, de Maher, sostienen que algunas personas tienen una susceptibilidad genética a enfermar a través de determinados órganos, al margen de los estresores a los que esté sometido el sujeto. Wenger y su teoría del balance autónomo, apunta a que existen diferencias entre los sujetos en cuanto a la activación autonómica. En algunos se produce más un predominio de activación simpática y en otros parasimpática.

 

Malmo y Shagass plantean la hipótesis sobre la especificidad del síntoma, de forma que los síntomas se asociarían a determinadas reacciones fisiológicas.

 

Actualmente, las investigaciones acerca de la psicosomática, la conciben como un fenómeno multidisciplinar y multifactorial. Es decir, se asume que hay una serie de variables y factores implicados e interrelacionados entre sí. Uno de los desarrollos más importantes en este sentido, es el modelo bio-psico-social de Engel, que postula que la enfermedad física puede estar producida por la interacción de diversos factores: psicológicos, sociales y biológicos.

 

Un constructo que ha sido observado a menudo en pacientes cuando se ha estudiado su psicosomática, es el de alexitimia (vínculo). Este término hace referencia a la incapacidad que muestran algunas personas a la hora de verbalizar sus sentimientos y relacionar sensaciones físicas con sus correspondientes estados emocionales. Este déficit, o falta de aprendizaje emocional, llevaría a los sujetos a padecer con más frecuencia problemas de tipo psicosomático. Al no conseguir dar una adecuada expresión a sus emociones, éstas encontrarían un canal físico para manifestarse.

 

Sabemos desde hace tiempo que la ansiedad interfiere con la respuesta de nuestro sistema inmunológico. Así, ante situaciones de estrés prolongado, experimentaremos una bajada en nuestras defensas. Sufrir una depresión de nuestro sistema inmune, provocará que estemos mucho más expuestos a agentes como virus y bacterias. Esto tiene sentido, pero ¿cómo se explica que ante un mismo evento, algunas personas tiendas a somatizar a través de un órgano determinado y no de otro? Aquí entraría en juego la psicosomática. Lamentablemente, a día de hoy se desconocen los mecanismos que operan en la misma.

 

Vamos a enumerar algunas enfermedades y problemas médicos que están claramente producidos, mediados, o al menos exacerbados por la propia psique de la persona. Conviene señalar, que cuando decimos que una enfermedad es psicosomática, no nos estamos refiriendo a que exista únicamente en la mente de la persona. Mucha gente confunde la psicosomática con la hipocondría o convencimiento de padecer enfermedades inexistentes. Un problema de tipo psicosomático es real muy real, solo que está mediado o producido por factores psicológicos y emocionales.

 

En pacientes con úlceras pépticas, se observan con frecuencia dificultades en el manejo de la ira y en la expresión de esta emoción. Tienden a inhibirla y a dirigirla hacia ellos mismos, acompañada de sentimientos de culpa e inadecuación. También conflictos en las relaciones; suelen ser dependientes emocionalmente con respecto a los demás, a pesar de que se muestran independientes y autosuficientes. El agravamiento de la sintomatología suele coincidir con periodos de estrés.

 

En cuanto al asma bronquial, si bien no suele tener su origen en factores psicosomáticos, sí que estos inciden en su exacerbación.  El estrés y la ansiedad pueden dar lugar a la aparición de crisis asmáticas y también influyen en la gravedad de las mismas.  A menudo son personas emocionalmente muy sensibles y reactivas. También excesivamente dependientes en las relaciones y con un alto nivel de competitividad y autoexigencia.

 

Las enfermedades cardiovasculares se suelen dar más en sujetos con personalidad tipo A (activos, impacientes, competitivos, perfeccionistas y hostiles). Los médicos Friedman y Rosenman observaron ya en la década de los cincuenta, que los pacientes con más tendencia a sufrir infartos de miocardio e hipertensión arterial, compartían rasgos como la hiperactividad dirigida a la consecución constante de logros, hostilidad, ambición, un alto nivel de autoexigencia y dificultades en cuanto al manejo y expresión de las emociones.

 

Aunque la fibromialgia se considera un síndrome reumatológico caracterizado por dolor crónico y de curso normalmente crónico, se han observado también variables comunes compartidas por las personas que padecen este tipo de cuadros. Lo primero que hay que señalar, es que aproximadamente el 80% de pacientes con fibromialgia son mujeres. Suelen ser personas con un sentido exagerado de la responsabilidad, excesivamente perfeccionistas y que a menudo asumen tareas que les corresponden a otros. Llegan a agotarse en ese intento de cumplir y de agradar a otros. No se sienten valorados y les cuesta mucho poner límites en las relaciones o demandar ayuda. Suelen albergar mucho resentimiento reprimido hacia los demás, y a menudo ni siquiera son conscientes de ello.

 

El colon irritable, también conocido como síndrome del intestino irritable, es de los problemas psicosomáticos por excelencia. No se observa ninguna causa médica y sin embargo, lo acompaña todo un cuadro de síntomas que suelen presentarse de forma crónica. Estos pacientes suelen mostrarse irritables, hostiles y frustrados. A menudo tienen una necesidad exagerada de control y de aprobación por parte de los demás. Manifiestan también rigidez de pensamiento y baja autoestima. Tienden a contener la rabia.

 

La migraña se relaciona a menudo con excesivo nivel de autoexigencia e incapacidad para cumplir con las expectativas.

 

Numerosos problemas de tipo dermatológico se consideran somatizaciones de problemas emocionales, como el prurito, la psoriasis, la dermatitis atópica, algunos tipos de alopecia y el acné, entre otros.

 

Las disfunciones sexuales, como el vaginismo, la eyaculación precoz o la retardada, la anorgasmia y la impotencia, están a menudo mediadas o producidas por factores psicológicos. En nuestras consultas observamos con cierta frecuencia que estos problemas remiten cuando al paciente se le entrena en asertividad, enseñándole a vincularse de una forma más sana en las relaciones en general y con respecto a la pareja en particular.

 

El insomnio también se considera desde hace tiempo como una expresión de problemas psicológicos. En terapia de conducta, a menudo las pautas de higiene del sueño no consiguen que remita del todo el problema si no se trabajan los aspectos emocionales que subyacen al mismo.

 

Si tienes una enfermedad o problema médico que hizo su aparición de forma repentina y aguda, tras un acontecimiento puntual, o bien que no sigue un curso normal o no responde a los tratamientos habitualmente indicados, tal vez se trate de algún problema de tipo psicosomático, que convenga abordar en el contexto de una psicoterapia.

 

 

 

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