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Psicoterapia online a debate

En un mundo que se mueve cada vez más rápido, surgen tecnologías nuevas que cambian radicalmente nuestras vidas y a las que casi no nos da tiempo a adaptarnos. Vivir inmersos en la era de las telecomunicaciones termina avocándonos, paradójicamente, a una mayor desconexión y aislamiento con respecto a los demás. En este sentido, la película Her, protagonizada por Joaquin Phoenix, es un buen ejemplo de la dirección en la que avanza la sociedad. En ella, Theodore (interpretado por Phoenix), es un alma sensible y solitaria que trabaja como copywriter (redactor) de felicitaciones de aniversario para otras personas. Tras varios intentos fallidos por conocer mujeres con las que entablar una relación (que resultan ser extremadamente dependientes u obsesivas), termina desarrollando un vínculo con una ciber novia (a la que pone la voz Scarlett Johansson en la versión original), que no es más que una aplicación informática con miles de usuarios repartidos por todo el mundo. Así, vemos al pobre infeliz compartir todo tipo de situaciones cotidianas con su chica virtual, desde una puesta de sol, hasta distintos tipos de reflexiones más o menos profundas. Poco a poco va “enamorándose” y desarrollando una dependencia emocional de Samantha, que no es más que un programa informático.

 

psicoterapia online
Epic fireworks

 

Pensemos en el daño que han causado algunas redes sociales como el popular Facebook, suscitando celos y susceptibilidades en millones de usuarios desde su creación, allá por 2007. Por no hablar del enganche y dependencia que genera en muchas personas. Esta red incorpora su propio chat con el que poder conversar con tus ciber-amiguetes, así como un servicio de mensajería.

 

Con la llegada de los smartphones surgieron nuevas formas de comunicarse de entre las miles de apps a disposición de los usuarios, como Whatsapp, que viene a ser un chat con varias funciones extra, como envío de fotos y videos en tiempo real. Whatsapp, al igual que otros servicios de chat anteriores, como Windows Messenger, incorpora toda una colección de emoticonos para poder introducir matices en la comunicación. Seguramente habrás observado si usas habitualmente esta aplicación, lo difícil que resulta hacerse entender en determinados momentos de una conversación, sobre todo si esta versa en torno a cuestiones complejas o emocionales. Evidentemente, en un chat falta toda la parte no verbal de la comunicación, como los gestos, el tono de voz, las expresiones e incluso los silencios (sí, estos también comunican). ¿Cómo captar la ironía, por ejemplo, cuando faltan todas estas claves? Nunca unas palabras escritas en una pantalla podrán reemplazar la complejidad y riqueza que implica la comunicación humana de persona a persona. De ahí la creciente aparición de los emoticonos, esas caritas con gestos y expresiones que parece que criaran cada vez más entre ellos. A veces tengo que poner una carita sonriente y me quedo un buen rato dudando de entre las siete caritas sonrientes distintas, cual sería la más adecuada o cual acompañaría mejor al mensaje que quiero transmitir. Por no hablar del empobrecimiento del lenguaje escrito al acortar palabras, cometer mayor número de errores ortográficos y comernos comas, que a menudo cambian completamente el significado de la frase provocando confusión.

 

Entremos ahora a valorar los programas online que permiten realizar videoconferencias, como el conocido Skype. Por supuesto que todo tiene su lado ventajoso y práctico. Si una herramienta es buena o mala, sobre todo dependerá del uso que hagamos los usuarios de la misma, más que de la propia herramienta en sí. Una videoconferencia puede traducirse en una experiencia muy positiva, que incluso acorte distancias entre familiares, amigos o parejas cuyos miembros están separados por miles de kilómetros, pero ¿y para realizar psicoterapia? ¿Es adecuado este tipo de comunicación dentro de la psicología?

 

Como psicólogo con diez años de experiencia a mis espaldas opino que desde luego no es lo óptimo, y solo debe emplearse cuando no sea posible que la propia persona acuda a consulta por algún motivo o causa justificada.

 

Aparte de las limitaciones obvias que implica este sistema, pensemos en lo artificial de la experiencia. ¿Te has dado cuenta de lo diferente que resulta disfrutar de tu grupo favorito a través de tu reproductor, a escucharlos en directo en concierto? A pesar de que tu equipo de música tiene una potencia y una calidad envidiables y que, la verdad sea dicha, suenan mejor en estudio, cuando les escuchas en concierto vibras con la música. La experiencia cobra una dimensión extra que no puedes explicar con palabras, pero que de alguna manera hace que sea mucho más intensa y gratificante. Esto es porque estas allí de cuerpo presente y lo estás viviendo en primera persona. Aunque no seas del todo consciente, están pasando infinidad de cosas en ese momento que se procesan a nivel emocional, por debajo del foco de la consciencia. Se trata de esas claves emocionales de las que hablábamos antes. Aspectos que tienen que ver con cómo nos sentimos y que condicionan mucho más de lo que llegamos a imaginar nuestro pensar y proceder.

 

Lo mismo sucede con una fotografía. ¿Es una copia digna de la realidad? En absoluto. Nuestra propia percepción tampoco lo es, de acuerdo, pero nada tiene que ver el contemplar una bonita instantánea de una puesta de sol, con estar frente al astro rey cuando este se va ocultando tras el horizonte, mientras nos sentimos bañados por su menguante luz (qué poético me ha quedado…).

 

¿Qué ocurre cuando llevamos estas reflexiones al contexto de la psicoterapia? Antes de nada, señalar que existe un consenso en cuanto a que el vínculo en la terapia es de una importancia vital. Crear una adecuada alianza terapéutica con el paciente se traducirá en palanca movilizadora de cambio dentro del proceso terapéutico. Se suele hablar de tres cualidades o aptitudes básicas que debemos reunir los psicólogos para el establecimiento correcto de dicho vínculo. A saber: empatía, aceptación incondicional y autenticidad. Estas cualidades tienen que ver con aspectos que resultan muy complejos de traducir a palabras y casi imposibles de medir o cuantificar. Una vez más, estamos ante esos pequeños detalles que aunque no se ven, determinan que la experiencia sea completamente distinta. Podemos empatizar hasta cierto punto con una imagen en una pantalla, pero la vivencia no será la misma y el tipo de vínculo que se genere tampoco será igual al que se daría interactuando directamente con la persona.

 

Aparte de lo expuesto, si además entramos en aspectos éticos, quizás una videoconferencia no sea el vehículo más apropiado de cara a preservar la intimidad de nuestros pacientes, sobre todo si tenemos en cuenta que existen medios para acceder de forma remota a las aplicaciones de móviles y tabletas y a los equipos informáticos. Durante una sesión de psicoterapia, quedan expuestos y se tratan asuntos muy personales, íntimos e incluso comprometedores.

 

Otro aspecto importante tiene que ver con el esfuerzo que le supone al paciente la terapia. Ya el hecho de que le facilitemos la situación hasta el punto de que pueda recibirnos en el cuarto de estar de su casa, en pijama y sin duchar, implica que el mensaje que estamos lanzando a nivel subconsciente no es del todo positivo, sino más bien incluso contraproducente, pues pone a la persona en una posición de mayor pasividad con respecto a responsabilizarse activamente sobre su proceso de cambio o de mejora. La terapia tiene que “costar” un mínimo, de lo contrario, ni se valora, ni se da una adecuada implicación por parte del paciente.

 

¿En qué casos sí sería adecuado realizar psicoterapia online? Lógicamente existen excepciones en las que sí podemos beneficiarnos de las posibilidades y comodidades que nos ofrece la tecnología en el contexto de la psicoterapia. Por ejemplo, en aquellos casos en los que la persona no puede acudir a consulta, bien porque se encuentra imposibilitada física o emocionalmente (como es el caso de algunas personas que padecen de agorafobia). Aun en estos casos, sería conveniente que el propio terapeuta de desplazara al domicilio de la persona al menos durante las primeras sesiones, para generar un vínculo adecuado. Otro caso sería el de pacientes que, habiendo sido tratados con anterioridad, se desplazan a otra provincia o país. Aquí no condicionaría tanto, pues la alianza terapéutica ya estaría creada y consolidada previamente. Por último, para muchas personas siempre será más provechoso hacer una psicoterapia online, al menos, que no hacer ningún tipo de psicoterapia.

 

Concluyendo, es válido hacer psicoterapia online sirviéndonos de estos soportes, pero siempre que esté justificado y que no pueda realizarse de forma presencial. Sin duda es algo estupendo que la psicoterapia llegue a más personas y que todo el mundo se pueda beneficiar de ella, pero no a cualquier precio, ni descuidando la ética o el buen hacer que ha de guiar en todo momento la práctica en psicología.

 

 

 

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1 comment on “Psicoterapia online a debate

Reply

Me parece muy interesante y acertado este artículo. Pienso que es importantísima la presencia física del terapeuta y la confianza que pueda generar en su paciente. A las personas hay que hablarlas, tocarlas y abrazarlas.

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