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Relaciones tóxicas. ¿Cómo identificarlas?

A menudo oímos hablar sobre relaciones tóxicas, relaciones de pareja especialmente tormentosas o  en las que ambas partes se atacan continuamente. Otras veces, que una de las dos personas es sumisa y la otra dominante, con lo que se dan formas de maltrato dentro de la relación que al mismo tiempo son consentidas. También parejas en las que uno de los miembros es codependiente y se vincula desde una posición de “salvador”, anteponiendo las necesidades del otro a las suyas propias.

 

¿Cuántas formas hay de amar? Probablemente tantas como personas. Lo que si podemos concluir es que algunas de ellas son más sanas que otras, y muchas, incluso patológicas. ¿Qué puede llevar a alguien, movido en un principio por amor, a engancharse de alguien que le trata mal o que le hace sufrir? y ¿por qué a veces, aun queriendo a la otra persona, terminamos por hacerla blanco de nuestro descontento y frustración?

 

Angry twenty something couple yelling at each other
Angry twenty something couple yelling at each other

 

Cuando vivimos relaciones tóxicas desde dentro, en primera persona, nos va minando la autoestima despacio, muchas veces sin que nos demos cuenta. Nos va volviendo infelices poco a poco y cada vez más dependientes del otro. Es difícil verlo sin cierta perspectiva.  A medida que la autoestima se resiente, nos sentimos más merecedores de ese trato negativo que nos profesa el otro. Ya sabemos eso de que “el amor es ciego”, pero es que, a menudo, también es mudo y hasta sordo, pues desoímos el consejo de personas que nos quieren de forma sana y somos incapaces de poner límites a esas otras personas que nos tratan mal.

 

Aunque no vamos a entrar ahora en los motivos que nos vuelven dependientes, porque eso supondría introducirnos en un tema muy complejo y extenso, si expondremos algunas señales que nos pueden ayudar a identificar relaciones tóxicas, de dependencia emocional o en la que uno de los participantes es codependiente.

 

1. La persona te critica, humilla o te hace de menos a menudo.

Ya sea tu pareja, familiar o un amigo que frecuentemente dirige contra ti críticas, comentarios negativos o directamente te humilla, a veces incluso en presencia de otras personas. Hay sujetos que emplean la ironía para atacarnos de una forma velada a través del sentido del humor. A veces hacen comentarios capciosos o ácidos pero que pueden resultar muy hirientes. Atención al lenguaje no verbal, que a menudo también puede revelar dominancia dentro de la relación (como que tu pareja te interrumpa a menudo cuando hablas en reuniones sociales, o te de la espalda dejándote en un segundo plano). Otras veces nos castigan de forma pasiva, empleando el silencio o ignorándonos.

 

2. Nunca da su brazo a torcer, empatiza o se pone en tu lugar.

Hablamos de esas personas que siempre tienen que tener la última palabra. Jamás reconocen que se han equivocado ni piden perdón. Tampoco hacen especiales esfuerzos por ser empáticos con el otro. Estos aspectos también son importantes en las relaciones: ser capaz de conectar emocionalmente con la otra parte y disculparnos cuando sea oportuno, son también formas de transmitir que nos importan los sentimientos de la persona, y por extensión la persona misma.

 

3. Es excesivamente complaciente y dependiente o no te pone límites nunca.

En este caso sería la otra parte la sumisa y consentidora. Esto a menudo provocará que acumule esas emociones negativas que no manifiesta o que no gestiona bien y después, en algún momento explotará: montará en cólera, se sentirá dolida o no correspondida, o somatizará a través de algún problema de salud. Por tu parte, lo más probable es que con el tiempo te vayas “desenamorando” de esta persona, pues su amor es tan incondicional que dejamos de valorarlo. Para querer a alguien lo primero es respetarle, y ese respeto ha de partir de la propia persona. Ella misma ha de hacerse valer en la relación con los demás. En algunos de estos casos, a menudo terminamos sometiendo a esa persona y ejerciendo una dominancia sobre ella, sin pretenderlo, al menos de forma consciente.

 

4. Te sientes cohibido en presencia de esa persona.

No sientes que puedas ser tu mismo. Tienes que estar midiendo tus palabras en cada momento y anticipando las reacciones del otro. Temes por donde va a salir a cada cosa que dices o planteas. A menudo son personas irritables, susceptibles y que se ponen a la defensiva cuando menos te lo esperas. Es muy contraproducente para la autoestima invertir nuestro tiempo y afecto en personas con las que nos reprimimos o no podemos mostrarnos tal y como somos.

 

5. Te trata de forma paternalista.

Esas parejas que te tratan como si fueras una niña o niño pequeño. Es una forma muy sutil de dominancia porque está disfrazada de cariño. Nos cuidan en exceso, nos dedican cumplidos con diminutivos (pequeña, chiquitín). O frases del tipo: “ya verás todo lo que vas a aprender conmigo”, “yo te voy a cuidar”, “qué harías tú sin mí“… Esto, aunque por un lado lo recibimos como algo positivo, resulta al mismo tiempo ambivalente, pues también implica que el otro se vincule desde una posición de dominancia, como lo haría un padre o un maestro. A la larga, es malo para nuestra autoestima y nos vuelve dependientes e inseguros. No debemos buscar la figura de un padre o de un tutor en nuestra pareja, sino un compañero que sea como un igual. Que nos cuide, sí, pero también que se deje cuidar.

 

6. Es posesiva y absorbente o se muestra celosa a menudo.

No le gusta compartirte con otras personas, a las que con frecuencia atacará para enturbiar el concepto que tienes de ellas. Cualquiera que acapare parte de tu atención o afecto será visto como una competencia. A menudo te echará en cara que estás siempre más disponible para amigos y familiares y que les dedicas más tiempo que a él o a ella. Intentan crear una escisión en las relaciones pues no les gusta compartirte.

 

7. No te contiene emocionalmente.

Cuando estás mal no encuentras consuelo o apoyo en esta persona, o lo que es peor, encima se pone a la defensiva porque no sabe gestionar eso que sientes, o se bloquea cuando se lo haces llegar. Con lo que terminas por tragarte todo eso que te duele, molesta o afecta, con tal de evitar generar conflictos dentro de la relación. A nivel emocional el mensaje que estamos enviando sobre nuestra autoestima es el mismo: lo que sientes no es importante, luego tú no eres importante.

 

Estos son algunas claves que te pueden ayudar a identificar relaciones tóxicas o que no te hacen bien. Lo primero es, sin duda, identificarlo. Ser conscientes de que esa relación nos hace daño o no nos conviene. Después tratar de reafirmar nuestra propia identidad y autoestima siendo asertivos (poniendo límites, expresando nuestros sentimientos, haciendo valer nuestros derechos opiniones y necesidades,…). Si pese a ello la persona no cambia de actitud y no empieza a mostrar afecto de una forma más sana, quizás debamos desligarnos definitivamente de ella.

 

Se dan casos en los que la dependencia emocional es tal, que aun siendo consciente de que está sometida a un maltrato, la propia persona se siente incapaz de desligarse de la relación. A menudo, incluso llegan a experimentar crisis de ansiedad o una tristeza profunda cuando intentan cortar todo contacto. Aquí puede ser oportuno acudir a un psicólogo para trabajar esa dependencia y los mecanismos emocionales que subyacen a ella.

 

Recordar que, en las relaciones en las que hay dependencia emocional, esta suele darse por ambas partes. La persona que somete al otro a un trato negativo también es dependiente e insegura, solo que lo manifiesta de otra forma. Socialmente suelen estar bastante aisladas, por lo que también “necesitan” del otro.

 

Cuanto más tiempo consintamos que se prolongue una relación de este tipo, más inseguros nos volveremos y por lo tanto, más dependientes. Pensemos en una persona que se lesiona y le facilitan un bastón o unas muletas para ayudarse a caminar. Cuanto más tiempo pase empleando este recurso más dependerá de el. El día que queramos retirarle el bastón o las muletas la persona experimentará inseguridad y vértigo. Sentirá que puede perder el equilibrio y caer en cualquier momento. Pero no nos engañemos, ¿cómo caminará mejor, con el bastón y las muletas o con sus propias piernas una vez que hayan sanado…?

 

¿Has tenido alguna vez relaciones tóxicas? ¿Cómo las superaste? Nos interesa mucho tu testimonio.

 

 

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2 comments on “Relaciones tóxicas. ¿Cómo identificarlas?

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