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Sociopatía y psicopatía. Dos caras de una misma moneda.

Sociopatía y psicopatía, son términos considerados a menudo equivalentes. Ambos se incluyen dentro del denominado trastorno antisocial de la personalidad (TPA). Este a su vez, es uno de los llamados trastornos de personalidad de tipo B, junto con el trastorno narcisista, el histriónico y el límite.

 

sociopatía y psicopatía
Anger, por Patrik Nygren

 

Según la revisión actual del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV), los criterios para determinar si una persona padece el trastorno antisocial de la personalidad son los siguientes:

 

En primer lugar, el sujeto ha de mostrar de forma general un desprecio por los derechos de los demás, así como transgresiones continuas de los mismos. Esta actitud debe estar presente ya desde los quince años, y definida por tres o más de los siguientes aspectos:

 

  • Dificultad o fracaso en adaptarse a normas sociales, incurriendo a menudo en actos delictivos que pueden llegar a ser motivo de detención.

 

  • Falta de honestidad, caracterizada sobre todo por mentir con mucha frecuencia, estafar o aprovecharse de otros para obtener algún beneficio, o simplemente por placer.

 

  • Mostrarse impulsivo e incapaz de planificar su futuro de forma coherente y positiva en cuanto a los trabajos, relaciones, etc.

 

  • Mostrarse agresivo e irritable con frecuencia, lo que a menudo se traduce en peleas y agresiones.

 

  • Imprudencia ante la propia seguridad y la de los demás.

 

  • Conducta por regla general irresponsable, que dificulta mantener un trabajo o asumir obligaciones económicas.

 

  • Falta de remordimiento. A menudo se sienten indiferentes y justifican el haber mentido, agredido o robado a otras personas.

 

Además, el sujeto tiene que tener al menos dieciocho años. Debe haber antecedentes en la historia del sujeto de un trastorno disocial, de comienzo anterior a los quince años.

 

Las conductas que se consideran antisociales no se dan solamente bajo un estado de esquizofrenia o de un episodio maníaco.

 

A pesar de estas consideraciones diagnósticas, lo cierto es que, como en otros trastornos de personalidad, se desconoce el origen exacto del problema, y existen muchísimas variaciones entre los sujetos que reúnen criterios para ser considerados sociópatas.

 

Algunas teorías ponen más peso en aspectos orgánicos o genéticos. A menudo se considera que la psicopatía tiene una base más innata, determinada quizás por los genes. En cambio, la sociopatía se asocia más con sucesos vitales, como carencias afectivas, desarraigo, historial de abusos en la infancia, falta de socialización y de contención emocional,… Como apuntábamos al principio, algunos autores emplean indistintamente ambos términos para hacer referencia al mismo trastorno.

 

El sociópata se puede aislar a nivel social, pues muchos de ellos no establecen apenas vínculos o relaciones. Al mismo tiempo y paradójicamente, se muestran a menudo deshinibidos en contextos sociales, aparentemente seguros de sí mismos, y poco o nada tímidos. Manifiestan una autoestima desmedida, que raya a menudo en el egocentrismo y en el narcisismo. Son capaces de embaucar a las personas con su encanto, y mienten continuamente para conseguir lo que quieren. Cuando son confrontados con las consecuencias de sus actos, volverán a mentir para restaurar la confianza y seguir dando una imagen positiva de sí mismos.

 

Algunos estudios que establecen distinciones o matices entre sociopatía y psicopatía, defienden que los psicópatas pueden tener vidas más funcionales, al menos en apariencia (formar familias y llevar un puesto de trabajo). Cuando llegan a cometer actos delictivos, incluyendo asesinato y agresiones, suelen hacerlo de forma más planificada y estudiada, evitando así a la justicia. Los sociópatas pueden ser más erráticos, impulsivos e incluso a veces no existe una motivación aparente que les lleve a perpetrar esos actos.

 

Como señalábamos anteriormente, los sociópatas suelen exhibir un cierto encanto en las relaciones, al menos a nivel superficial, lo que les facilita embaucar y manipular a los demás. Comparten, por lo tanto, algunos rasgos propios de otros trastornos de personalidad, como el narcisismo. Otras veces, por el contrario, son retraídos, con escasa inteligencia o nivel cultural.

 

Toda esta confusión y ambigüedad en cuanto a los conceptos de sociopatía y psicopatía, ponen de manifiesto el desconocimiento que sigue existiendo acerca del trastorno antisocial de la personalidad. Como en otras muchas categorías diagnósticas, cabe especular con que, probablemente se trate de otro “cajón de sastre”, en el que estemos incluyendo a la vez a sujetos con distintas patologías.

 

Lo que sí parece claro es que estos sujetos tienen serias dificultades para empatizar con los demás. Rara vez muestran arrepentimiento o culpabilidad cuando hacen daño a otros. Si bien el juicio moral está a menudo alterado y no siguen normas o convenciones sociales, sí suelen ser capaces de dar respuestas coherentes si se les pregunta cómo reaccionar ante situaciones en las que hay que aplicar este tipo de juicio. Los psicópatas, como decíamos, no suelen mostrarse tan impulsivos o erráticos, y son más capaces de mantener una imagen o fachada a nivel social para encubrir sus actos delictivos.

 

Sobre los orígenes del trastorno, se especula con distintos factores (agentes sociales, emocionales, genéticos, neurológicos,…). Por regla general, sus acciones se encaminan a obtener gratificaciones de forma inmediata. Quizás en estos sujetos se den alteraciones estructurales o químicas en los centros nerviosos que median el placer y la recompensa.

 

Como sucede con otros trastornos, sean de personalidad o de cualquier otra índole, a menudo coincidimos y nos relacionamos con este tipo de personas sin saberlo. No es fácil identificar a estos sujetos, al menos en las distancias cortas. Vamos a enumerar algunos aspectos y rasgos que nos pueden ayudar a discriminar a este tipo de personas. Lógicamente, habrán de ser tenidos en cuenta como un conjunto, y no de forma aislada.

 

1. Mentir con frecuencia.
A veces incluso en aspectos triviales y situaciones en las que no obtienen nada por el hecho de mentir. Lo hacen a menudo y de forma muy convincente, ya sea sobre cosas que han pasado o sobre promesas de futuro. Son muy poco o nada fiables. Defenderán su posición con seguridad y firmeza, incluso cuando han sido descubiertos. No exhiben los típicos rasgos de ansiedad que suelen delatar a los mentirosos. Mienten con frialdad y manteniendo contacto visual sin problema.

 

2. Irresponsabilidad, imprudencia e impulsividad.
Estos tres rasgos también suelen ser frecuentes. Se muestran negligentes en sus acciones, sin importarles la seguridad de los demás, de sí mismos o las consecuencias de sus actos. También suelen ser impulsivos y parecen buscar gratificación inmediata de forma constante.

 

3. Escasa o nula empatía.
No muestran arrepentimiento por sus acciones. Suelen culpar a otros sobre las consecuencias de sus acciones. Tratan de justificarse siempre y no sienten remordimientos ni vergüenza.

 

4. Autoestima desmedida y rasgos narcisistas.
Muchos sociópatas se desenvuelven muy bien a nivel social. Son inteligentes e incluso llegan a mostrarse encantadores. A menudo tienen un egocentrismo desmedido y exhiben una gran seguridad sobre sí mismos.

 

5. Dificultad para establecer vínculos afectivos sanos.
Tanto en la sociopatía como en la psicopatía se da una falta de empatía e incapacidad para ponerse en el lugar de los demás o conmoverse. Tienen una capacidad emocional muy pobre. Si expresan sentimientos es más bien de forma aprendida, como un actor que se hubiera aprendido un papel, más que describir la propia emoción. Son incapaces de amar.

 

6. Ausencia de comportamiento neurótico o de delirios.
No suelen padecer trastornos emocionales, como ansiedad o depresión. Por el contrario, se muestran muy seguros de sí mismos y templados. Tampoco presentan psicosis o delirios. Rara vez cometen suicidio.

 

7. Presencia de varias conductas antisociales y delictivas.
Aparte de mentir con frecuencia, pueden robar, agredir a otros, estafar e incluso llegar al asesinato. La conducta antisocial no se limita a una única situación, sino que se presenta bajo muchas formas y contextos diferentes.

 

8. Dificultad e incapacidad para establecer un plan de vida.
A menudo dejan los trabajos en su búsqueda de gratificación inmediata, y les cuesta seguir un plan de vida de forma coherente y consecuente con lo que ello implica. En el caso de la psicopatía, como apuntábamos antes, si pueden llevar una vida más o menos estructurada, al menos en apariencia.

 

Sobre el tratamiento de la sociopatía, psicopatía y trastorno antisocial de la personalidad, algunos fármacos antipsicóticos pueden resultar de ayuda. La dificultad estriba en que los sujetos ni siquiera reconocen tener un problema, con lo que tampoco buscan ayuda ni desean adherirse a un tratamiento. La psicoterapia puede lograr cierta contención, si bien no es realmente efectiva en cuanto a la remisión total del trastorno. Las personas que se someten a tratamiento suelen hacerlo bajo una imposición judicial. A veces se les recluye en instituciones penitenciarias u hospitales, donde se puede ejercer un mayor control sobre su conducta. En estos contextos, sin embargo, suelen mostrarse más nerviosos e irritables al ver coartada su libertad.

 

 

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