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TDHA: trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

¿Qué es el TDHA?

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA), se considera un cuadro complejo que incluye diversas manifestaciones. Se caracteriza principalmente por una falta o disminución en la atención, además de hiperactividad e impulsividad en el sujeto. El DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) especifica tres subtipos: de tipo combinado (síntomas de inatención y de hiperactividad e impulsividad), con predominio del déficit de atención y con predominio hiperactivo-impulsivo. El primero es el más frecuente de los tres.

 

¿Cuáles son las causas del TDHA?

Actualmente se desconocen con exactitud las causas del TDHA. Probablemente haya implicadas variables tanto a nivel biológico como ambiental. Algunos estudios atribuyen gran importancia a aspectos genéticos, ya que las personas con antecedentes familiares tienen una probabilidad mucho mayor de padecer el trastorno. Si uno de los padres presenta el trastorno, el niño tendrá un riesgo de cerca de un 57% de padecerlo también. Esto apunta a que se trata de un problema de tipo neurobiológico.

 

En cuanto a los factores ambientales, se cree que puede producirse a nivel prenatal o postnatal (antes o después del nacimiento) y también durante el embarazo. Entre estas causas, el consumo de sustancias como tabaco y alcohol durante la gestación, un parto prematuro, peso reducido al nacer, problemas en el parto y algún tipo de encefalopatía, podrían explicar también la aparición del trastorno.

 

Otros factores de tipo psicosocial también podrían estar implicados, como problemas en la relación familiar, estrés, trastornos mentales en los padres, proceder de una baja extracción social, etc.

 

TDHA

 

¿Quiénes padecen TDHA con más frecuencia?

Es un trastorno que se presenta en la infancia y constituye cerca de la mitad del total de consultas relacionadas con pediatría. La prevalencia se sitúa, según algunos estudios, en casi un 20%, si bien existe la creencia de que se viene diagnosticando de forma indiscriminada y en muchos casos errónea, por lo que seguramente las cifras reales de incidencia se sitúen muy por debajo de este valor. Esto se debe, al menos en parte, a lo complejo y heterogéneo del trastorno. Por otro lado, las pruebas diagnósticas a menudo arrojan valores muy diferentes respecto a los sujetos, complicando así la evaluación y el correcto diagnóstico.

 

Anteriormente, se creía que existía una mayor prevalencia en sujetos varones. Actualmente parece que no está del todo clara esta diferencia en cuanto a sexos y sin embargo, sí que podría haber un predominio de la hiperactividad en sujetos varones y del déficit de atención en mujeres.

 

Un porcentaje muy alto de niños con TDHA continúan presentando este cuadro en la edad adulta, si bien algunos síntomas disminuyen o van cambiando a lo largo del desarrollo.

 

¿Cuáles son las manifestaciones más frecuentes en el TDHA?

Según el DSM-IV, seis o más de los siguientes síntomas de falta de atención han de haber estado presentes al menos durante seis meses y con una intensidad tal que no se corresponde con el nivel de desarrollo y que resulta desadaptativa:

 

      Desatención.

No presta atención suficiente a los detalles o comete errores en tareas escolares, en el trabajo u otro contexto, debidos a descuidos.

Presenta dificultades a menudo a la hora de mantener la atención centrada en tareas o actividades de entretenimiento.

Parece no escuchar con frecuencia cuando se le habla.

No sigue instrucciones y le cuesta finalizar las tareas u obligaciones en el colegio o trabajo (esto no es consecuencia de un comportamiento negativista, ni de dificultad para comprender instrucciones).

Le cuesta organizar tareas y actividades.

Tiende a evitar dedicarse a tareas que implican un esfuerzo mental sostenido.

Pierde con frecuencia objetos necesarios para realizar tareas o actividades, como juguetes, libros, herramientas, etc.

Se distrae a menudo con estímulos irrelevantes.

Se muestra descuidado en las actividades diarias.

 

Seis o más de los siguientes síntomas de hiperactividad-impulsividad han estado presentes durante al menos seis meses y con una intensidad tal que no se corresponde con el nivel de desarrollo y que resulta desadaptativa:

 

      Hiperactividad

Mueve con frecuencia en exceso pies y manos, o se remueve en su asiento.

Abandona con frecuencia su asiento en la clase y en otras situaciones en las que debe permanecer sentado.

Corre o salta excesivamente en situaciones en las que resulta inapropiado.

Con frecuencia le cuesta jugar o dedicarse de forma tranquila a actividades de ocio.

Suele estar activado la mayor parte del tiempo o se comporta como si tuviera un motor.

Tiende a hablar en exceso.

 

      Impulsividad

Con frecuencia anticipa respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.

Le cuesta guardar el turno en una actividad.

Interrumpe con frecuencia o interfiere en las actividades de otros.

 

Además de estas consideraciones, algunos síntomas de desatención o de hiperactividad-impulsividad que causaban alteraciones, ya estaban presentes antes de los siete años. Algunas de las alteraciones causadas por los síntomas se presentan en dos o más contextos, como la escuela, el trabajo o la casa. Deben producirse manifestaciones claras de un deterioro clínicamente significativo en la actividad social, académica o laboral. Por último, los síntomas no aparecen exclusivamente durante la presencia de un trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno psicótico, y no se explican mejor por la ocurrencia de otro trastorno mental, como un trastorno del estado de ánimo, de ansiedad, disociativo o de personalidad.

 

TDHA

 

¿Qué tratamientos existen para el TDHA?

Básicamente, el tratamiento se centra en la terapia cognitivo-conductual y en la terapia farmacológica. A veces se apoya también en una intervención psicopedagógica dirigida a padres y a educadores.

 

Los fármacos indicados para el tratamiento del TDHA pueden ser estimulantes y no estimulantes. Consiguen corregir y atenuar el cuadro clínico durante el tiempo que hacen efecto.

 

La terapia cognitivo-conductual puede estar especialmente indicada en aquellos casos en los que los síntomas no son muy intensos y sobre todo, cuando no está del todo claro el diagnóstico.

 

Actualmente existe una gran controversia debida al diagnóstico creciente e indiscriminado que se ha venido produciendo durante los últimos años de casos de TDHA entre la población infantil. Esto se traduce con frecuencia en niños que están recibiendo tratamiento farmacológico con estimulantes y derivados de la anfetamina, cuando no presentan realmente el trastorno. Se ha especulado mucho incluso con la posibilidad de que la propia categoría diagnóstica haya sido creada en respuesta a una necesidad social de etiquetar y medicar a los niños que son especialmente movidos, debido al entorno cada vez más rápido y frenético en el que se desarrollan. Otras veces, sujetos que muestran síntomas y manifestaciones propias del TDHA no responden a los fármacos y sí a la terapia cognitivo-conductual, lo que apunta más bien a problemas y déficits de aprendizaje, en lugar de un síndrome de naturaleza neuropsicológica.

 

 

 

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