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Teoría de la mente, algo fascinante que ni sabes que posees

Teoría de la mente es un concepto que hace referencia a la capacidad para predecir y comprender la conducta, estados emocionales, actitudes y creencias de otros. O, en otras palabras, podríamos definirla como eso que yo sé que el otro sabe que sé de él.

 

teoría de la mente
Seventeen again, por Fe Ilya

 

El estudio de la teoría de la mente tiene muchas implicaciones, entre otras, la de explicar la habilidad de las personas para mentir, predecir grados de autismo, medir la capacidad empática de los individuos e incluso el poder detectarla ironía en los demás.

 

Los primeros desarrollos acerca de este concepto están en los trabajos realizados por David Premack y Guy woodruff, que realizaron estudios con un chimpancé de nombre Sarah. El experimento consistía en mostrarle un vídeo en el que alguno de sus cuidadores podía llevar a cabo distintas acciones, como recuperar un plátano. Después les mostraban fotografías con las posibles soluciones. La chimpancé acertó la mayor parte de las veces, poniendo de manifiesto que, de alguna forma, era capaz de atribuir estados mentales al cuidador, entre ellos, la intención de recuperar el plátano y el conocimiento para lograrlo.

 

En otros experimentos llevados a cabo por el antropólogo y psicólogo Gregory Bateson, quedó demostrado que los perros eran capaces de distinguir, a través de determinados indicadores, si estaban iniciando entre ellos conductas de lucha en un sentido simulado de juego, en lugar de peleas reales.

 

Baron-Cohen y Leslie investigaron el autismo en niños, basándose en la idea de que las personas afectadas por este síndrome tienen importantes dificultades a la hora de anticipar, intuir o teorizar sobre el comportamiento de los demás. Parece haber una incapacidad a la hora de atribuir estados mentales al margen del propio sujeto en los autistas. La maduración para que podamos realizar procesos e inferencias cognitivas se da entre los tres y cuatro años. En personas autistas, quizás no se de el correcto desarrollo de las estructuras nerviosas que nos permiten esta capacidad para teorizar sobre la mente de otros.

 

Hay diversos centros nerviosos que se han relacionado con este concepto, sobre todo la corteza prefrontal del hemisferio derecho. Los estudios de sujetos con lesiones en este hemisferio demuestran que tienen serios problemas a la hora de empatizar, descodificar el lenguaje no verbal, detectar la ironía o la capacidad para interpretar la pragmática del lenguaje, o la forma en la que el contexto determina en parte el significado. También la amígdala, estructura implicada en el reconocimiento de emociones y que dota a las representaciones mentales de una carga emocional. Distintos estudios parecen revelar que esta estructura es necesaria para el reconocimiento de emociones a través de las expresiones faciales. A muchos sujetos con daño en la amígdala les cuesta detectar la expresión de miedo y otros tienen problemas que van más allá, presentando dificultades en detectar también emociones como la rabia, el asco o la tristeza.

 

También como apuntábamos, es necesario poseer una teoría de la mente acerca de los otros para poder elaborar y detectar mentiras o distinguir la ironía. Se han diseñado tareas para evaluar la capacidad de los niños con autismo a la hora de discernir estas intenciones en los demás. En este caso además, las tareas introducían la dificultad añadida de que para interpretar correctamente la intención del otro, había que ser capaz de interpretar también el contexto en el que esta intención aparecía.

 

En otros estudios para valorar la capacidad de los sujetos para empatizar y emitir juicios éticos se les presentaba una situación en la que podían salvar a cinco personas de ser arrolladas por un tren, desviando la trayectoria de este. Esta solución implicaba que el tren atropellaba a una persona que se encontraba en esa otra vía secundaria, en lugar de a las otras cinco de la vía principal. La mayor parte de los sujetos tomarían la decisión de desviar el tren en este supuesto. Sin embargo, otra solución presentada consistía en arrojar a un mendigo borracho desde un paso elevado sobre el tren, consiguiendo de esta forma alertar al maquinista y evitar la catástrofe. En este caso, la mayor parte de los sujetos acordaba no tomar esta decisión, a pesar del hecho de que en ambos casos se trata de sacrificar a una persona para salvar a otras cinco. En un tercer caso se les presentaba el supuesto de que las cinco personas sobre la vía fueran amigas o familiares. Esto provocaba que modificaran el juicio que habían emitido en un principio. Estos estudios y otros similares que presentaban distintos dilemas morales a los sujetos, pusieron de manifiesto que la capacidad de empatizar es una actividad compleja que involucra a diversas áreas del cerebro.

 

De todo lo expuesto podemos concluir que el concepto de teoría de la mente supone una teorización en la que se incluyen tantas capacidades y estructuras nerviosas que, seguramente, estemos incluyendo erróneamente distintos aspectos diferenciados y realidades bajo este mismo concepto. Al hilo de esto, el modelo de cognición social de Adolphs propone una interacción compleja entre los procesos de percepción, cognición y conducta social, así como de las estructuras nerviosas implicadas en estos procesos.

 

A medida que vayamos profundizando en el conocimiento de esa estructura tan compleja que es nuestro cerebro, seremos capaces de establecer con más exactitud cuáles son los procesos y centros nerviosos que participan en esta capacidad metacognitiva, que nos permite atribuir estados mentales y emocionales a los demás. Lo que es indudable es que la teoría de la mente resulta clave para comunicarnos y relacionarnos a nivel social, por lo que necesariamente debe hundir sus raíces en la adaptación de los seres vivos a través de la evolución.

 

 

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