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Trastorno bipolar: subtipos, síntomas y tratamiento.

A menudo empleamos el término bipolar para referirnos de forma casi despectiva a sujetos que muestran cambios de humor repentinos o que se muestran susceptibles ante determinadas situaciones. Más grave aún que poner etiquetas a la ligera, puede ser el trato con algún familiar o conocido que, padeciendo este trastorno, nunca haya sido diagnosticado.

 

Es importante un adecuado diagnóstico y tratamiento del problema. Las causas del trastorno bipolar no están del todo claras a día de hoy, pero se sabe que tiene un importante componente hereditario. Aunque en muchos casos este tipo de trastorno puede darse de forma crónica, el tratamiento con fármacos, la psicoterapia y dotar a los amigos y familiares de pautas e información, pueden lograr una buena contención del problema y una remisión total de las crisis.

 

trastorno bipolar

 

Este tipo de trastornos se incluyen actualmente dentro de los llamados trastornos del estado de ánimo. Los tipos más comunes son el bipolar tipo I y II y la ciclotimia. Para el diagnóstico del tipo I los sujetos han de haber experimentado al menos un episodio maniaco. En la manía, la persona puede encontrarse muy animada, incluso eufórica, mostrarse irritable e incluso hostil si se le contradice, hablar con rapidez y nerviosismo, presentar insomnio, realizar acciones precipitadas sin sopesar sus consecuencias, tener el convencimiento de que puede abordar cualquier cosa que se proponga, e incluso presentar delirios. Son bastante comunes los episodios psicóticos en el trastorno bipolar de tipo I. En estos casos la persona podrá sufrir pérdida de contacto con la realidad, experimentar delirios de grandeza, volverse paranoica,… En torno a un 90% de pacientes con trastorno tipo I presentan a su vez episodios depresivos. Los pacientes refieren a menudo encontrarse muy bien y sentirse capaces de “comerse el mundo”, lo que complica establecer un correcto diagnóstico y seguir un tratamiento.

 

Para considerar un trastorno bipolar tipo II han de darse episodios depresivos e hipomaníacos. La hipomanía se diferencia de la manía en que es más leve, menos incapacitante, y no cursa con  episodios psicóticos. Incluso puede que la persona se encuentre más creativa. En la fase depresiva el sujeto experimentará tristeza, vacío, anhedonia o incapacidad de encontrar gratificación o placer en cualquier tipo de actividades, insomnio, ideaciones suicidas, problemas de concentración y de memoria, además de presentar síntomas de fatiga de forma constante.

 

En la ciclotimia se presentan síntomas de hipomanía y de depresión, pero sin llegar a reunir criterios para el episodio depresivo mayor. Sería algo así como una forma más leve del trastorno en la que la persona puede oscilar de una fase a otra de forma lenta y otras veces de forma rápida o incluso muy rápida (de un día para otro o en el mismo día).

 

El tratamiento de primera elección en este tipo de cuadros es farmacológico, pues como apuntamos, la base del trastorno es marcadamente orgánica. Los fármacos más empleados son los eutimizantes o estabilizadores del estado de ánimo, como el famoso litio. También algunos antiepilépticos y anticonvulsivos, que también tienen efecto como estabilizadores. A veces se hace necesario combinar el fármaco eutimizante con algún antipsicótico, sobre todo cuando se presentan crisis de manía y el sujeto experimenta delirios o pérdida de contacto con la realidad. Los antidepresivos, aunque no son estabilizadores del estado de ánimo, a veces se emplean de forma combinada para el tratamiento del trastorno, pero esto ha de hacerse con especial cuidado porque pueden precipitar las crisis maníacas de forma brusca.

 

Desde una perspectiva de abordaje psicoterapéutico se le puede enseñar al paciente a ejercer cierto control y toma de consciencia sobre la sintomatología maníaca, evitando o minimizando así las conductas que preceden al episodio depresivo y sus consecuencias. Por un lado, lograr la adecuada asunción del problema por parte del paciente y una buena adherencia al tratamiento farmacológico. También y, al margen del desequilibrio químico o estructural presente en el trastorno, las experiencias diarias en la vida de la persona y como maneje ésta sus circunstancias y relaciones, también tendrá un impacto en el curso e intensidad de los episodios.

 

Muchos psicólogos creemos que, en algunos casos, también puede ser positivo realizar una psicoterapia a un nivel más profundo con estos pacientes para ayudarles a “sanar” las heridas emocionales de su pasado. Habrá que proceder, eso sí, con especial cuidado y siempre encontrándose el sujeto bajo tratamiento farmacológico debidamente supervisado por un profesional de la salud.

 

¿Conoces o has conocido al alguien diagnosticado con trastorno bipolar? ¿Cómo era la relación con esta persona?

 

 

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