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Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

¿Qué es el trastorno de ansiedad generalizada?

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG), está incluido dentro de los trastornos de ansiedad, junto con la fobia social, las fobias específicas, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico y la agorafobia.

 

Los sujetos que lo padecen presentan una serie de síntomas de ansiedad y una preocupación constante y excesiva sobre infinidad de situaciones, muchas de ellas incluso cotidianas. Se da un poco más prevalencia del trastorno en mujeres, aunque lo padecen ambos sexos, y algunos pacientes desde la infancia.

 

Según el DSM IV (el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), entre los criterios diagnósticos para el trastorno de ansiedad generalizada, la persona ha de haber experimentado tres o más de los siguientes síntomas, durante al menos seis meses.

 

  • Inquietud e impaciencia.
  • Tendencia a fatigarse.
  • Dificultades de concentración.
  • Sentirse irritable.
  • Tensión muscular.
  • Problemas de sueño.

 

Al sujeto le resulta difícil controlar este estado de ansiedad y las constantes preocupaciones, y éstas son de naturaleza distinta a las que se presentan en otros trastornos, como las relaciones (en la fobia social), la comida (en la anorexia nerviosa), la posibilidad de sufrir una crisis de angustia (en el trastorno de pánico), etc.

 

Además, la ansiedad y los síntomas han de provocar un malestar clínicamente significativo y deterioro en la vida del sujeto, y no han de deberse al efecto de sustancias, como fármacos o drogas, ni a una enfermedad o condición médica.

 

Los propios pacientes refieren a menudo que sus niveles de preocupación son exagerados, sin embargo, se sienten incapaces a la hora de conseguir tranquilizarse o relativizar sus preocupaciones.

 

trastorno de ansiedad generalizada
Agnoscia, por Luca Rossato

 

 

¿Qué síntomas lo acompañan?

En cuanto a los síntomas físicos, al igual que en otros trastornos de ansiedad, puede presentarse sudoración, dificultad para respirar, tensión muscular, mareos, visión borrosa, dolores de cabeza, de estómago, problemas intestinales, y todo tipo de somatizaciones o manifestaciones físicas de la ansiedad.

 

¿A qué se debe el trastorno de ansiedad generalizada?

Se especula con que el trastorno de ansiedad generalizada guarda relación con factores genéticos y sucesos vitales, como experiencias de aprendizaje. Al igual que en otros trastornos, como la depresión, se aprecian niveles anormales de determinados neurotransmisores, como la serotonina, sustancia implicada en la inhibición de varias emociones negativas, como la ira y la ansiedad. Las situaciones estresantes en la vida de los sujetos, así como las atribuciones o valoraciones que hacen sobre las mismas, también son factores clave que explican la ansiedad asociada a este trastorno.

 

¿Es normal sentir ansiedad? ¿Qué causas la provocan?

La ansiedad es una respuesta normal, e incluso sana ante determinadas situaciones. Desde un punto de vista evolutivo, esta respuesta nos permitía ejecutar conductas de huida o lucha ante ciertas circunstancias que implicaban peligro (como escapar de un depredador). En la actualidad nos encontramos con que hay infinidad de eventos que disparan esta respuesta, con lo que se activa continuamente, aunque a menudo desprovista de ese valor evolutivo que tuvo en principio. Los sujetos con ansiedad generalizada parecen ser más sensibles o reactivos a estas situaciones estresantes que el resto de personas. Digamos que se angustian y preocupan ante más situaciones, y también experimentan niveles más elevados de ansiedad en dichas situaciones.

 

También podríamos establecer una distinción entre ansiedad como estado y ansiedad como rasgo. En el primer caso entenderíamos la ansiedad como una respuesta normal y puntual, o pasajera, ante un evento que nos genera estrés. Estaríamos aludiendo, por tanto, a esa ansiedad más adaptativa que mencionábamos antes. En el segundo caso nos referimos a la ansiedad que es más estable en el tiempo, propia del trastorno de ansiedad generalizada. Aquí es considerada más como una característica estable del propio individuo y, por tanto, un tipo de ansiedad más patológico.

 

Al margen de esta ansiedad, que podríamos decir que nos afecta “de fuera a dentro”, debida a situaciones estresantes, también habría que considerar que pueda dispararse ansiedad “desde dentro”. Es decir, desde una parte más emocional o inconsciente del sujeto. Sabemos que las cosas nos afectan, a menudo, según las experiencias que hemos ido acumulando, y que forman parte de nuestro bagaje emocional. Ante una misma situación observamos reacciones distintas en personas diferentes. Para entender esto mejor,  supongamos que una persona pasó hace años por dificultades económicas, o una ruptura de pareja algo traumática. Cuando se presenten incidentes de naturaleza similar en su vida, seguramente experimentará niveles más altos de ansiedad que otro sujeto, sobre todo si en su día no pudo manejar estas situaciones y se vio desbordado por ellas.

 

En otros casos, ni siquiera sería determinante que la persona hubiera vivido situaciones estresantes para tener una especial sensibilidad o susceptibilidad a la ansiedad ante determinadas circunstancias. Pensemos en esas personas que se crían con padres o personas aprensivas, que continuamente les están haciendo llegar mensajes acerca de los múltiples peligros que entraña el mundo. No es extraño que, de adultas, esas personas se muestren igualmente aprensivas y con una marcada tendencia a preocuparse en exceso.

 

¿Cómo puedo liberarme de la ansiedad y solucionar este trastorno?

Lo primero es establecer unos hábitos de vida saludables. Cuidar la alimentación y hacer algo de ejercicio puede ser un buen comienzo. Evitar sustancias excitantes que puedan elevar nuestros niveles de ansiedad, como la cafeína, y en general, cualquier cosa que suponga una agresión al organismo, como el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias. Por el contrario, tratar de introducir algunas rutinas que nos ayuden a liberar estrés, como el yoga, tai-chi, meditación, pilates, etc.

 

En psicoterapia se suelen emplear diferentes recursos y estrategias. Dentro de la terapia cognitivo-conductual tenemos distintas técnicas de relajación (respiración abdominal, meditación, relajación muscular progresiva,…), manejo de pensamientos negativos (reestructuración cognitiva), inoculación al estrés, resolución de problemas, autoinstrucciones positivas, desensibilización sistemática,…

 

La hipnosis y la terapia EMDR pueden ser efectivas para trabajar esa otra parte de la ansiedad que mencionábamos anteriormente, y que viene “desde dentro” del propio sujeto. Con estas técnicas exploramos y modificamos esos aspectos emocionales que subyacen a la ansiedad o que están en el origen de la misma.

 

También otras herramientas relativamente recientes, como la programación neurolingüística (PNL) y la terapia EFT (emotional freedom techniques), pueden resultar útiles.

 

Recientemente está cobrando gran auge el mindfulness, que se basa en aprender a enfocar la consciencia en el momento presente (ya sea sobre estímulos, emociones, sensaciones, pensamientos, etc.). Siempre con una actitud contemplativa y aceptante por parte de la persona que lo practica. El fin último del mindfulness es lograr incorporarlo como una filosofía de vida y hábito continuo, más que como una simple forma de meditar de forma puntual.

 

Tener una adecuada red de apoyo social en cuanto a familiares, amigos, pareja, etc. Sabemos que este factor también influye en que tengamos una mayor predisposición a fijar trastornos de ansiedad o trastornos afectivos, como la depresión. Es importante por tanto, rodearnos de personas con las que podamos relacionarnos de forma sana y establecer vínculos positivos.

 

Algunos psicofármacos pueden resultar también de ayuda: los ansiolíticos, como las benzodiacepinas, aunque suponen un alivio puntual y no conviene abusar de su consumo, y algunos antidepresivos, como los ISRS (inhibidores de la recaptación de serotonina), que también tienen efectos a nivel ansiolítico.

 

 

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