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Trastorno por estrés postraumático (TEPT)

El trastorno por estrés postraumático (TEPT) suelen padecerlo personas que han sufrido alguna situación en la que ha peligrado su vida o su integridad física, como accidentes, catástrofes, abusos, violaciones, enfermedades graves, etc. También personas que, aunque no lo han vivido en primera persona, sí que han podido presenciar el evento traumático o se lo han transmitido, al igual que ocurre a veces en el caso de las fobias.

 

estrés postraumático
Accident, Boston Public Library

 

¿Cuáles son los síntomas que suelen darse en el trastorno por estrés postraumático?

Según el DSM IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), los criterios para considerar si una persona sufre de estrés postraumático son los siguientes:

 

Además de haber padecido el evento traumático en alguna de las formas expuestas anteriormente, el sujeto ha de haber respondido al mismo con temor, desesperanza u horror intensos.

 

El acontecimiento traumático es reexperimentado frecuentemente por el sujeto a través de una o varias de las siguientes formas: recuerdos acerca del evento que vuelven a la persona de forma recurrente e intrusiva (pueden comprender imágenes, percepciones y pensamientos).  Sueños que también se dan de forma recurrente y que tienen que ver con el acontecimiento traumático. El sujeto tiene la sensación a menudo de que el episodio está volviendo a suceder. Pueden darse episodios disociativos en los que las funciones de identidad, percepción, consciencia y memoria, que normalmente están integradas, se ven interrumpidas. También flashbacks (volver a experimentar el trauma a través de imágenes, olores, sensaciones, etc.), e incluso alucinaciones e ilusiones. Un malestar psicológico intenso cuando el sujeto es expuesto a estímulos que simbolizan o se asemejan al acontecimiento traumático, ya sean internos o externos (podría suceder tanto leyendo una novela como pasando por el lugar donde el sujeto sufrió el trauma). Se producen respuestas de tipo fisiológico cuando se da esta exposición a los estímulos internos o externos que elicitan el trauma.

 

Por otro lado, como en otros trastornos de ansiedad, suele darse una evitación persistente de los estímulos que están asociados al trauma: el sujeto hace esfuerzos por evitar pensamientos, conversaciones y sentimientos acerca del evento traumático. También por evitar actividades, personas o lugares que le recuerdan en algún sentido al trauma. Se presenta a menudo una incapacidad para recordar alguna parte importante del episodio traumático. Además, a veces se da una restricción de la vida afectiva, como incapacidad para experimentar sentimientos de amor, una reducción del interés por participar en actividades y una sensación de futuro limitado o de no poder optar a una vida normal (no esperan conseguir un empleo, formar una familia, etc.).

 

Han de darse síntomas persistentes de aumento de la activación del sujeto, que no ocurrían antes del trauma. Esto puede establecerse por la presencia de dos o más de los siguientes síntomas: dificultad para iniciar o mantener el sueño, mostrar irritabilidad o ataques de ira, tener dificultades para concentrarse, mostrarse hipervigilante o exhibir respuestas exageradas de sobresalto.

 

Todas las alteraciones descritas han de estar presentes durante más de un mes y deben provocar un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes en la vida de la persona.

 

Por último, el DSM IV distingue entre dos subtipos: agudo y crónico, si los síntomas duran menos de tres meses o más, respectivamente.

 

¿Qué tipo de situaciones pueden provocar un trastorno por estrés postraumático?

Todo tipo de accidentes, catástrofes naturales y experiencias provocadas por el propio ser humano, como asesinatos, violaciones, secuestro, torturas, abusos sexuales, maltrato psicológico, acoso escolar y acoso laboral (estas últimas son más susceptibles de fijar estrés postraumático). En general, todo tipo de experiencias que se salen del rango habitual de eventos que suele padecer el ser humano, pero que a veces ocurren. También enfermedades y muertes que se viven de forma especialmente traumática. Sobre todo, lo que tienen en común las experiencias que pueden fijar el trastorno por estrés postraumático, es su naturaleza imprevista y la incapacidad del propio sujeto para anticiparse a estos eventos y poder manejarlos.

 

estrés postraumático
Heater explodes in Watertown, Boston Public Library

 

¿Por qué se fijan estos miedos?

Nuestra mente tiene recursos para sobreponerse y adaptarse a eventos de distinta naturaleza. Determinadas experiencias, por resultar especialmente traumáticas, desbordan o sobrepasan esta capacidad que tiene nuestro cerebro, fijándose en la forma de traumas emocionales. Los síntomas del trastorno por estrés postraumático no son sino un intento fallido de nuestro organismo, por hacer frente a la amenaza sufrida. De ahí que el sujeto vuelva a experimentar frecuentemente los síntomas asociados a la situación traumática. Como la propia experiencia fue tan intensa, la parte racional queda relegada a un segundo plano, asumiendo totalmente el control nuestra parte emocional, que reaccionará produciendo activación cada vez que reconozca alguna clave o estímulo asociado al trauma (algo así como si nuestro subconsciente determinara que eso pudiera volver a suceder en cualquier momento, poniéndonos en alerta).

 

¿Aparecen de forma inmediata los síntomas del TEPT?

No necesariamente. A menudo sí que concurren poco después de haber quedado expuesto a la experiencia traumática, pero otras veces pueden manifestarse después de años e incluso décadas. Imaginemos una persona que sufrió abusos sexuales en la infancia. Si fue a una corta edad, es posible que ni siquiera recuerde a nivel consciente haber padecido esta experiencia. Tal vez haya manifestado problemas en la relación con los demás a lo largo de su vida, y también experimentado ansiedad o malestar ante estímulos relacionados con el abuso (como las relaciones sexuales o estar en presencia de algún familiar). En un momento de la vida adulta pueden tener lugar otras experiencias negativas que hagan aflorar esos traumas emocionales. La persona puede empezar a manifestar a partir de ese momento los síntomas habituales asociados al estrés postraumático. Podría decirse que a veces, los efectos de traumas sufridos a edades tempranas, permanecen dormidos o de forma latente en nuestro subconsciente.

 

¿Cómo se puede tratar el trastorno por estrés postraumático?

En psicoterapia, los recursos más empleados para tratar este trastorno son: la terapia cognitivo conductual (exposición a los estímulos traumáticos, inoculación al estrés, reestructuración cognitiva) y sobre todo la terapia de EMDR.

También mediante hipnosis regresiva, que permite al paciente volver sobre la experiencia traumática pero de una forma más relajada y segura (por ejemplo, como si se tratara de un espectador que observa la situación a través de una pantalla).  Esto puede resultar muy útil para liberar a la persona del sentimiento de culpa que suele acompañar al trastorno, sobre todo en el caso de abusos sexuales en la infancia.

 

 

 

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