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Trastornos de personalidad

Los trastornos de personalidad son más frecuentes de lo que se suele pensar. Se estima que afectan aproximadamente a entre un 10% y un 13% de la población. Estos trastornos se caracterizan por patrones de pensamiento, conducta y emociones, que se salen de lo normal, provocando un malestar en el sujeto y problemas en las relaciones. A menudo, las personas que padecen trastornos de personalidad, no son conscientes de ello ni buscan ayuda profesional. Muchas veces son diagnosticados cuando se encuentran en tratamiento por otras cuestiones o problemas asociados al trastorno de personalidad, como depresión, ansiedad, aislamiento o problemas en las relaciones.

 

trastornos de personalidad
Three Faced, por Nick Taylor

 

Cuando hablamos de personalidad nos referimos a un constructo complejo dentro del que se suelen diferenciar dos aspectos: el temperamento y el carácter. El primero hace referencia a una cualidad más innata, o rasgos que están presentes desde el nacimiento. Estos serían más difíciles de modificar, pero sí podrían controlarse hasta cierto punto. El carácter se iría formando y modelando a lo largo de la vida del sujeto, a través de sus experiencias de vida.

 

El cerebro sigue siendo ese gran desconocido, y una vez más con respecto a los trastornos de personalidad, no está del todo claro el origen de los mismos. Como siempre, algunas teorías apuntan más a factores genéticos o hereditarios. Tener antecedentes familiares con algún otro tipo de trastorno quizás también pueda influir, pero queda la duda de si realmente es por el hecho de compartir los mismos genes, o por la influencia de haber sido criado por alguien con una patología concreta. Desde los distintos modelos (médico, biosocial, cognitivo, de rasgos, etc), se ofrecen,lógicamente, explicaciones diferentes.

 

El DSM IV (manual estadístico y diagnóstico de los trastornos mentales), que se incluiría dentro de los modelos médicos, da una definición general aplicable a los diez trastornos de personalidad que considera. En primer lugar, hace referencia a un patrón continuo de experiencia interna y de conducta que ha de desviarse marcadamente de lo que la cultura del sujeto establecería como normal. A su vez, este patrón ha de estar presente en dos o más de las siguientes áreas: la cognición o el pensamiento, la afectividad, con sus distintas dimensiones y matices (adecuación de la respuesta emocional, intensidad, tipo de emoción, etc.), la actividad interpersonal (como se relaciona el sujeto) y el control de impulsos. Aparte, este patrón ha de ser constante y debe darse en multitud de situaciones de tipo personal y social. Ha de provocar un malestar “clínicamente significativo” o un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes. Estos comportamientos deben ser estables y venirse presentando desde la adolescencia o desde el comienzo de la edad adulta. No deben explicarse por otro tipo de trastorno ni tampoco ser debidos a alguna sustancia o condición médica.

 

Después, el DSM IV incluye los diez trastornos en tres subgrupos, atendiendo a las semejanzas o rasgos comunes de cada trastorno:

 

Grupo A: raros o excéntricos

Donde se incluirían los trastornos de personalidad paranoide, esquizoide y esquizotípico.

 

Grupo B: dramáticos, emocionales o erráticos

Aquí aparecen el trastorno límite de la personalidad, el antisocial, el histriónico y el narcisista.

 

Grupo C: ansiosos o temerosos

Incluye el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad, el de personalidad por evitación y el de personalidad por dependencia.

 

Vamos a detenernos en las características más definitorias y habituales que presentan los sujetos en los distintos trastornos de personalidad.

 

Trastorno paranoide de la personalidad

Suelen ser sujetos que se muestran muy desconfiados y suspicaces en las relaciones. Anticipan constantemente que las intenciones de los demás con respecto a ellos no son buenas. En las relaciones aparentan ser fríos y seguros de sí mismos. No quieren dejar expuestos aspectos de sí mismos que podrían hacerles parecer vulnerables. Ven ofensas y amenazas en cualquier conducta, por neutra que esta sea. Malinterpretan, sacan de contexto y retuercen cualquier comentario o detalle. Suelen ser muy celosos y rencorosos. Tienen pocas relaciones sociales, en parte por la desconfianza que muestran, y también porque generan rechazo en los demás con su comportamiento.

Trastorno esquizoide de la personalidad

Muestran un desinterés general por las relaciones. Son personas solitarias, que tienden a aislarse en actividades individuales. Suelen ser emocionalmente retraídos y a menudo se muestran fríos y distantes. Tampoco suelen establecer vínculos profundos con amigos o personas de confianza. Les cuesta encontrar gratificación en cualquier actividad. El desinterés en cuanto a las relaciones también incluye las de tipo sexual.

Trastorno esquizotípico de la personalidad

Como en el caso de los otros trastornos de personalidad del grupo A, suelen ser sujetos socialmente aislados y desconfiados, con ideaciones o pensamientos de tipo paranoide. Falta de relaciones de confianza. A menudo tienen una ansiedad social exagerada. Lo más definitorio de este trastorno de personalidad es que exhiben un comportamiento excéntrico. Ideas delirantes, generalmente de naturaleza negativa. Creencias raras y pensamiento mágico (supersticioso). El pensamiento y la forma de expresarse son con frecuencia raros. También la apariencia y la conducta pueden ser excéntricas (a menudo visten y se comportan de forma extraña). También hay retraimiento a nivel emocional, o bien una inadecuada expresión de los afectos.

Trastorno límite de la personalidad

Suelen ser sujetos muy extremos en cuanto a los afectos en general. A menudo oscilan entre depresión y ansiedad. También son muy sensibles y aprensivos al abandono, presentando a menudo una dependencia y miedo exagerado al mismo. También presentan impulsividad, llegando a autolesionarse, y en muchos casos, al suicidio. En las relaciones, también se muestran muy extremos, entre idealizar a los demás y llegar a desconfiar o sentirse totalmente desatendidos. Sentimientos crónicos de vacío; les cuesta encontrar estimulación y cambian constantemente de actividad. Son bastante irritables, hostiles y les cuesta manejar la ira, llegando con frecuencia a involucrarse en peleas y agresiones. Después les sobrevienen sentimientos de culpa. La impulsividad también se relaciona a veces con abuso de sustancias, compras compulsivas, bulimia, etc. Emocionalmente, suelen ser muy reactivos y sensibles. Les afecta mucho cualquier estímulo negativo. Tienden a autoinvalidarse en cuanto a sus creencias, emociones, actitudes, conductas y expectativas, lo que a menudo les produce vergüenza e ira dirigida hacia sí mismos. Con frecuencia establecen metas demasiado altas y poco ajustadas a la realidad. Por último, también presentan cambios radicales respecto a cómo se perciben, sus principios, valores, aspiraciones, etc.

Trastorno antisocial de la personalidad

Aquí se incluye el término de sociopatía. Son sujetos que no siguen normas sociales, manipulan, estafan, mienten, cometen delitos y llegan incluso a la agresión y a veces al asesinato. A menudo, es una evolución del trastorno disocial que se presenta en la adolescencia. Les cuesta seguir un plan de vida. Suelen ser impulsivos, agresivos, despreocupados ante la seguridad de los demás e imprudentes. A veces son sujetos retraídos emocionalmente, pero otras, pueden ser muy extrovertidos y aparentemente encantadores. Muestran una falta total de remordimiento con respecto a las conductas delictivas que exhiben. Mienten una y otra vez para justificarse o para eludir las consecuencias de sus actos.

Trastorno histriónico de la personalidad

Se caracterizan principalmente por una búsqueda de atención y una emotividad exagerada. Desean ser continuamente el centro de atención. Suelen ser seductores y les gusta provocar. Son fácilmente sugestionables, por el contexto y por los otros. Les gusta llamar la atención a través de distintos medios y cuando hablan, lo hacen de una forma excesivamente subjetiva. Tienden a ser exageradamente dramáticos y teatrales en la expresión de sus emociones.

Trastorno narcisista de la personalidad

Necesitan sentirse admirados de forma continua y a menudo muestran una falta de empatía. Creen o quieren creer que son especiales y únicos, y que merecen un trato de favor por parte de los demás o que deben relacionarse con otros sujetos o instituciones superiores, como ellos. Llegan a mostrarse soberbios y arrogantes con los demás. Con frecuencia envidian a los demás, o creen que los demás les envidian a ellos, pues a pesar de su actitud, en el fondo son muy inseguros. No les importa aprovecharse de otros en beneficio propio. Sus intereses suelen girar en torno a ideales de belleza, alcanzar metas exageradas, poder, éxito, etc.

Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad

Lo más definitorio en quienes lo padecen es una preocupación exagerada por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal , según el DSM IV. El afán de perfeccionismo interfiere en el desarrollo y terminación de la tarea. Una preocupación excesiva por los detalles, las normas, crear listas, el orden y los horarios, hasta el punto de distraerse o perder de vista el objetivo principal. Suelen ser tercos y rígidos en cuanto a su forma de hacer las cosas, pero también en cuanto a sus valores y normas morales. Anteponen a menudo el trabajo a otro tipo de actividades de ocio o de relación con los demás. Les cuesta mucho deshacerse de objetos viejos o inservibles, incluso careciendo estos de valor sentimental. Tienden a asumir ellos mismos todo el trabajo y les cuesta delegarlo en otros, en cuyo caso, los sujetos han de ceñirse totalmente a su metodología y forma de hacer las cosas. Suelen mostrarse avaros con el dinero, tanto para con los demás como con respecto a sí mismos. El dinero, al igual que los objetos, hay que acumularlo para situaciones de futura necesidad.

Trastorno de la personalidad por evitación

Son sujetos inhibidos socialmente, se sienten inadecuados y suelen ser muy sensibles a la evaluación y a la crítica negativa o al rechazo por parte de los demás. Evitan a menudo relacionarse con otros.  Además, según el DSM IV, tienden a evitar trabajos que impliquen contacto interpersonal por miedo a experimentar críticas, desaprobación o rechazo. Les cuestas deshinibirse en las relaciones sexuales por los mismos motivos. Tienen una imagen pobre de sí mismos y tienden a verse como inferiores a los demás y poco hábiles socialmente. Se muestran muy reacios a correr riesgos o a implicarse en nuevas actividades que puedan resultarles comprometedoras.

Trastorno de la personalidad por dependencia

Estos sujetos tienen una necesidad exagerada de que se ocupen de ellos, lo que a menudo se traduce en comportamientos sumisos y un miedo a la separación desmedido. Necesitan aprobación y consejo a la hora de tomar decisiones. Tienden a delegar en otros la responsabilidad de los aspectos y decisiones más importantes. Les cuesta expresar cuando están en desacuerdo por miedo a perder el apoyo o la aprobación de los demás. Suelen embarcarse en una nueva relación nada más haber finalizado la anterior, buscando en ella ese mismo apoyo y cuidados que demandan continuamente. Tienen un miedo exagerado al abandono y a la perspectiva de tener que cuidar de sí mismos. Necesitan sentirse acompañados todo el tiempo. Les cuesta enfocarse en metas debido a su necesidad de apoyo por parte de los demás y a su escasa confianza. Llegan a mostrarse excesivamente sumisos en las relaciones movidos por esa necesidad exagerada de protección y apoyo. A menudo incluso se implican en tareas desagradables para ganarse la aprobación y cuidados de los demás.

 

Seguramente, mientras leías sobre estos diez trastornos de personalidad, has pensado en algunas personas que conoces, quizás incluso muy cercanas a ti. También es muy probable que tú mismo te hayas visto reflejado en algunos de los rasgos que definen estos diez trastornos de personalidad. Esto se debe a que la personalidad es algo muy complejo y todos exhibimos rasgos de alguno de estos trastornos. Aquí la clave sería determinar cuántos de estos atributos y en qué medida están presentes en cada persona.

 

 

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